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jueves, 11 de junio de 2015

Metalurgia y lujo: las joyas egipcias

Conferencia por Laura di Nobile sobre la metalurgia en el Antiguo Egipto dentro del Seminario “Ciencia y Técnica en el Egipto Antiguo” celebrado el 13 de noviembre de 2014 en la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad Complutense de Madrid durante la Semana de la Ciencia de la Comunidad de Madrid 2014.



lunes, 14 de octubre de 2013

El último secreto de Tutankhamón: una joya creada por un cometa

Por primera vez se encuentra un fragmento del impacto de un cometa sobre la Tierra, que fundió la arena del desierto en vidrios empleados como joyas por los antiguos egipcios


TERRY BAKKER


Cuando en 1922 Howard Carter y Lord Carnavon hallaron la tumba del faraón Tutankhamón en el Valle de los Reyes, la noticia dio la vuelta al mundo, en una época en la que semejante difusión no era algo fácil de conseguir. Entre las maravillas encontradas por los arqueólogos en aquel mausoleo, la imagen de la máscara funeraria de oro ha sido siempre la más popular. Y sin embargo, hay otra pieza que no levantó tanta admiración en su día, pero cuya imagen está dando la vuelta al mundo hoy, 91 años después del hallazgo.
El último secreto de Tutankhamón: una joya creada por un cometa

JON BODSWORTH
Pectoral del rey hallado en la tumba de Tutankhamón.
El escarabajo del centro está esculpido en un vidrio de sílice formado por el impacto del cometa

Se trata de un pectoral, un colgante con un gran escarabajo de vidrio de sílice en su centro. La gema, pulida por los artesanos, era uno de los llamados vidrios del desierto de Libia, piedras de color amarillo que se encuentran dispersas en un área de 6.000 kilómetros cuadrados del Sáhara, que tienen unos 28 millones de años de antigüedad y que son conocidas desde el Pleistoceno. No así su origen: para que la arena cristalice de este modo se requiere una temperatura extremadamente alta, lo que sugería la explosión de un meteorito. Ahora, un equipo multidisciplinar de científicos surafricanos ha desentrañado por fin el secreto de estos vidrios y, con ello, ha mostrado la primera prueba jamás conocida del impacto de un cometa sobre la Tierra. Los resultados se publican en la revista Earth and Planetary Science Letters y se presentan este jueves en una conferencia en la Universidad surafricana de Witwatersrand.

Se conocen muchos casos de impactos de meteoritos en nuestro planeta. Por el contrario, nunca se han encontrado restos de cometas, a excepción de algunas partículas de polvo a gran altitud en la atmósfera y de ciertos residuos carbonados en el hielo de la Antártida. “Los cometas siempre visitan nuestros cielos; son esas bolas de nieve sucia, de hielo mezclado con polvo. Pero nunca antes en la historia se ha encontrado material de un cometa en la Tierra”, señala el coautor del nuevo estudio David Block, de Witwatersrand.

De hecho, el interés científico de este tipo de material ha impulsado el desarrollo de misiones espaciales destinadas a recoger muestras de estos cuerpos errantes. “La NASA y la Agencia Europea del Espacio (ESA) gastan miles de millones de dólares en recoger unos pocos microgramos de material de cometas y traerlos de vuelta a la Tierra”, apunta el director del estudio, el geoquímico de la Universidad de Johanesburgo Jan Kramers. “Ahora tenemos un abordaje radicalmente nuevo para estudiar este material”, presume.

El trabajo de Kramers, Block y sus colaboradores no se limita a explicar la cristalización de la arena, sino que revela un enorme hallazgo, un fragmento del cometa que provocó el fenómeno. Su trabajo se ha centrado en un misterioso guijarro negro que un geólogo egipcio encontró hace años en una zona de vidrio de sílice al suroeste de Egipto. En un principio pensaron que podía tratarse de un tipo inusual de meteorito, pero los análisis químicos practicados a la piedra descartaron una a una todas las hipótesis. No era carbón terrestre, ni roca meteorítica, y sin embargo ciertos isótopos apuntaban sin cuestión a un origen extraterrestre. Solo quedó una explicación: tenían entre manos el primer espécimen macroscópico procedente del núcleo de un cometa. Kramers recuerda el momento con emoción: “Es la típica euforia científica, cuando eliminas todas las demás opciones y llegas al convencimiento de lo que debe ser”.

Microdiamantes Hipatia


El hallazgo ha permitido a los investigadores reconstruir lo ocurrido hace 28 millones de años, cuando un cometa penetró en la atmósfera terrestre y explotó sobre Egipto, esparciendo sus restos y fundiendo la arena del desierto a una temperatura de unos 2.000 grados centígrados. Además de los vidrios de sílice, el enorme calor provocó la formación de microdiamantes como los que se encuentran dentro del guijarro negro, al que los científicos han bautizado como Hipatia en honor a la matemática y astrónoma de Alejandría. “Los diamantes se producen a partir de material de carbono. Normalmente se forman en las profundidades de la Tierra, donde la presión es muy alta, pero también puedes provocar una gran presión con un impacto. Parte del cometa impactó y la onda expansiva produjo los diamantes”, detalla Kramers.
Tal vez sea uno de los últimos secretos de la tumba de Tutankhamón que quedaban por revelar, pero en cambio Hipatia no ha hecho sino comenzar a mostrar los suyos. El descubrimiento ha motivado la puesta en marcha de un proyecto internacional más amplio y ambicioso destinado a escuchar lo que este guijarro puede contarnos sobre nuestros propios orígenes. “Los cometas contienen los secretos de la formación de nuestro Sistema Solar, y tenemos una oportunidad sin precedentes para estudiar material de un cometa de primera mano”, concluye Block.

Fuente: http://www.abc.es/ciencia/20131010/abci-ultimo-secreto-tutankhamon-joya-201310101052.html

España incorpora una joya faraónica


El CSIC amplía su fondo documental de egiptología con el legado bibliográfico de Hans Goedicke. Un conjunto de 6.000 monografías, notas de trabajo, fotos, postales y correspondencia crucial para la investigación arqueológica

El legado del egiptólogo austriaco Hans Goedicke, constituido por todo el material bibliográfico que formó su biblioteca personal, ha pasado a formar parte de los fondos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y se encuentra disponible para su consulta en la biblioteca Tomás Navarro Tomás, en el Centro de Ciencias Humanas y Sociales, en Madrid. El conjunto, formado por casi 6.000 monografías, notas de trabajo, fotos, postales y correspondencia, llena un vacío en el estudio de la egiptología en España.

La colección está compuesta por materiales variados: monografías sobre lengua, literatura, historia y religión, informes arqueológicos, catálogos de colecciones de arte y estudios que abarcan desde la época predinástica a la grecorromana, entre otros documentos. Contiene además numerosos volúmenes de obras del siglo XIX y principios del siglo XX ya descatalogados.

“Las ediciones y facsímiles de papiros, así como las publicaciones en gran formato de trabajos epigráficos en templos y tumbas, son documentos de especial valor, no sólo porque es imposible adquirirlos en el mercado bibliográfico, sino por ser además de obligada consulta en el proceso de cualquier investigación egiptológica”, explica el investigador del CSIC José Manuel Galán, del Instituto de Lenguas y Culturas del Mediterráneo y Oriente, y director del Proyecto Djehuty.

La biblioteca es un instrumento esencial en investigación arqueológica, ya que el arqueólogo pasa la mayor parte del tiempo entre libros, no en el campo. “Para llevar a cabo proyectos, como el de Djehuty, el fondo documental es un pilar fundamental sin el cual la investigación no tiene sentido. No sirve de nada excavar y descubrir un objeto si luego no lo puedes entender y estudiar en su totalidad”, añade el investigador. La colección bibliográfica del legado está ubicada en la sala de consulta de fondos especiales de la biblioteca Tomás Navarro Tomás y los documentos no bibliográficos, en el Archivo del Centro de Ciencias Humanas y Sociales.

“El legado de Hans Goedicke está disponible para su consulta bajo las mismas condiciones que el resto de fondos de la biblioteca, con la excepción de que sólo puede consultarse en la sala, es un material que no se presta. La especialización de la colección hace que esté orientada a un usuario cualificado, como científicos, investigadores, doctores, licenciados y estudiantes universitarios en los últimos años de carrera. No obstante, cualquier persona puede realizar una petición de consulta a la biblioteca“, comenta Pilar Martínez Olmo, directora de la biblioteca.

La biblioteca dispone de pases temporales que permiten al visitante la consulta de la colección bibliográfica. Pero si se prefiere, se pueden consultar los títulos de este legado en Internet, ya que su fondo forma parte del Catálogo de la Red de Bibliotecas del CSIC.

Hans Goedicke (Viena, 1926) es uno de los referentes mundiales en el estudio de la egiptología. A lo largo de su dilatada carrera, el investigador austriaco trabajó en diferentes países hasta que entró a formar parte del departamento de Estudios de Oriente Próximo de la Universidad Johns Hopkins (Baltimore, Estados Unidos), donde impartió clase de egiptología durante más de 30 años hasta su jubilación, en 2011.

Interesado por la historia y la literatura del Antiguo Egipto, la obra de Goedicke se centra principalmente en el análisis de composiciones literarias, en aspectos jurídicos, o en eventos o periodos históricos concretos. Además, entre 1972 y 1981 dirigió excavaciones junto a las pirámides de Giza y en el delta oriental del Nilo.

“Lo interesante de su carrera científica, y que se refleja en su biblioteca, es que se interesó por todos los temas dentro de la egiptología. Su biblioteca, por ese motivo, abarca todas las pequeñas disciplinas que engloba la egiptología. Es una colección única y muy completa. Hans Goedicke, consciente de que España carecía de una buena biblioteca de egiptología, propuso que su fondo personal acabara en el CSIC y sirviera para impulsar la egiptología en este país”, concluye Galán.

Fuente: CSIC