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miércoles, 13 de abril de 2016

Revelan detalles del violento asesinato del faraón Ramsés III

Un nuevo estudio indica que el faraón fue rodeado y asesinado con varias armas, algo que luego los embalsamadores trataron de ocultar con un prótesis y cirugía estética.


Un nuevo estudio arroja luz sobre la muerte violenta del faraón Ramsés III que gobernó el Imperio Nuevo de Egipto entre 1186 y 1155 a. C. Según los expertos encargados de la investigación, fueron varios los asesinos que lo atacaron de frente, con un hacha o una espada, y desde atrás con un cuchillo.




Esta es la conclusión a la que ha llegado el egiptólogo Zahi Hawass y Sahar Saleem, radiólogo de la Universidad de El Cairo, tal y como recogen en el libro 'Scanning the Pharaohs: CT Imaging of the New Kingdom Royal Mummies' tras escanear a través de una tomografía computerizada varias momias reales de tres dinastías, informa el portal Live Science.

Los estudios anteriores de la momia de Ramsés III demostraron que el faraón había muerto por un corte que alguien le había practicado en la garganta, mientras algunos papiros sugerían que fue su segunda esposa quién ordenó su asesinato para entronizar a su hijo, Pentaur, en vez del heredero legítimo Ramsés IV.

Sin embargo, el nuevo estudio revela que además de esta herida mortal, le cortaron un dedo del pie, lo que indicaría que varios atacantes usaron diferentes armas. Es más, el nuevo estudio revela que los embalsamadores egipcios pudieron construir una especie de prótesis y una cirugía estética para ocultar esta herida y su muerte violenta, informa el portal.

Fuente: https://actualidad.rt.com/ciencias/202755-revelan-asesinato-violento-faraon-ramses-iii

viernes, 20 de marzo de 2015

La MUJER en el Antiguo Egipto

El lugar que ocupaba la mujer en el Antiguo Egipto puede parecer sorprendente hoy en día por su "modernidad", sobre todo si se compara con el que ocupaba en la mayoría de países de la época, e incluso de épocas posteriores. Aunque hombre y mujer tradicionalmente tenían obligaciones diferenciadas en la sociedad, no parece que hubiera muchos problemas para quien quisiera variar el esquema.
El egipcio de aquel tiempo reconocía a la mujer, no como igual al hombre, pero sí como su complemento tanto en la teología como en la moral, pero es bastante difícil determinar la aplicación de este concepto en la vida cotidiana de los egipcios, pero desde luego no es como en la sociedad Griega, donde la mujer era considerada como "un menor de edad eterno".
Se ha encontrado literatura egipcia en la que se presenta a la mujer como frívola, caprichosa y poco fiable, pero a pesar de todo, las egipcias se beneficiaron de una posición que se encontraba en pocas sociedades.

IGUALDAD


Para los antiguos egipcios, los niños eran lo más importante. En la familia, la mujer era la "dueña de la casa", a diferencia de la Antigua Grecia o Roma, donde el pater familias era el hombre.
Parece ser que el varón y mujer eran iguales ante la ley, en contraste con el derecho griego y romano. Ellas podían manejar su propia herencia o estar al frente de un negocio, como la dama Nenofer en el Imperio Nuevo por ejemplo; podían ser también médicos, como la dama Peseshet durante la Dinastía IV.
Al casarse, la mujer mantenía su nombre, con el añadido “esposa de X”, lo que es natural ya que el matrimonio no constaba como un acto administrativo, cosa rara en un Estado con la mayor burocracia posible, ni tampoco era una demostración religiosa. Simplemente, ratificaba el hecho de que un hombre y una mujer deseaban convivir, eso en el caso en que se hiciera un contrato matrimonial, que no era necesario más que a efectos económicos para diferenciar el Patrimonio de cada cual. El marido debía garantizar el bienestar de su esposa, incluyendo, por supuesto, el plano material. El escriba Ani del Imperio Nuevo aconsejaba así al futuro esposo:

"Si eres sabio, mantén tu casa, ama a tu mujer, aliméntala apropiadamente, vístela bien. Acaríciala y cumple sus deseos. No seas brutal, obtendrás más de ella por la consideración que por la violencia: si la empujas, la casa va al agua. Ábrele tus brazos, llámala; demuéstrale tu amor".

Por supuesto las cosas no siempre transcurrían de forma idílica, y el divorcio estaba admitido. Se daba por iniciativa de uno u otro cónyuge: si procedía el marido, tenía que ceder una parte de los bienes a su esposa; si era la mujer quien tomaba la iniciativa, ella tenía la misma obligación, pero en una menor medida. Existía la posibilidad del recurso ante la Administración, para recuperar los bienes del hogar, aunque aquélla no hubiera intervenido en el matrimonio. Podía ganar el juicio y casarse de nuevo, como lo demuestran los papiros arameos de Elefantina.

El himno a Isis (papiros de Oxirrinco, siglo II a. C.), muestra esta igualdad de la mujer y el hombre, dirigiéndose a la diosa "el honor del sexo femenino":

 "Eres la dueña de la tierra [...] tú has dado un poder a las mujeres igual al de los hombres"'.

También se la consideraba compañera de su esposo, y solía acompañarle en múltiples ocasiones a cazar y a pescar, cogidos de la mano y a veces desempeñaba el papel de consejera, incluso en asuntos políticos. Desgraciadamente, la insistencia de los moralistas egipcios en recordar al hombre sus deberes hacia las mujeres, hace suponer que no fue raro en la práctica que los varones abusaran de su posición.

Los hijos, frecuentemente, se designaban con el nombre de su madre, ya que el nombre del padre era secundario. Había un gran vínculo entre generaciones familiares siendo norma que los hijos protegieran a sus progenitores ancianos. En familias acomodadas, la mujer tenía sus propias estancias, el opet, donde convivía con sus hijos y la servidumbre.

Son innumerables sus representaciones al lado de su marido. Durante el Imperio Antiguo, aunque las representaciones de las mujeres estaban jerarquizadas y eran de menor tamaño que la de sus maridos, su importancia social era destacable, pues además, las propiedades pasaban de madres a hijas.

A partir de la dinastía XVIII con Amenofis III, su Gran Esposa Real Tiy fue representada en todos los monumentos construidos por su marido, y en condiciones casi de total igualdad con él. Posteriormente, similar sería el caso entre Akhenatón y su esposa Nefertiti.