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sábado, 17 de octubre de 2015

Las primeras momificaciones

Durante la época predinástica, los egipcios se enterraban en la arena sin ataúdes

Una de las momias encontradas en Hieracómpolis.
Una de las momias encontradas en Hieracómpolis

Este tipo de enterramientos hacía que los líquidos de la descomposición (la autolisis) fueran absorbidos por la arena, a lo cual se sumaba luego el tremendo calor del desierto y, combinados, deshidrataban por completo el cuerpo y lo convertía en una momia natural.

Pasado el tiempo, las diferencias sociales llevaron a los más pudientes a enterrarse dentro de ataúdes de madera, que señalaban su mayor disponibilidad de recursos; pero que, al mismo tiempo, los aislaban de la arena e impedían la momificación natural. ¿El resultado?, 
... que los "ricos" tenían tumbas más "pintonas", pero sus cuerpos se descomponían y los de los "pobres" no. 
Como, evidentemente, entre los "ricos" se contaban los reyes, no hubo más remedio que inventar un procedimiento que impidiera la putrefacción de los cadáveres y permitiera que se conservaran para la eternidad enterrados dentro de su ataúd. Así fue como habría nacido la momificación en Egipto. Al menos esto es lo que se pensaba hasta que a finales del siglo XX se produjo un inesperado hallazgo en Hieracómpolis.

Fue allí, donde -siguiendo los más rígidos criterios del viejo Murphy para las excavaciones arqueológicas-, el último día de la campaña de 1997 de se encontró la intacta tumba 71. Rodeado de ocho cacharros de cerámica había un cuerpo enterrado envuelto en un sudario y bajo la protección de una estera. El cadáver, que debido a su pelo corto al principio se tomó por el de un hombre, estaba esqueletizado, pero ¡presentaba los primeros restos de momificación conocidos! Su cuello y manos estaban envueltos y acolchados con lino empapado en resina y realizado con esmero: la piel sólo estaba en contacto con lino de gran calidad, mientras que las capas exteriores eran de tela cada vez más grosera. Pero el detalle que demostró que se trataba de una momia, y no sólo de un peculiar estilo de adorno vestimentario, es que uno de sus órganos internos fue envuelto en lino empapado de resina antes de ser retornado a la cavidad pectoral. Una prueba irrefutable de que la práctica de eviscerar cadáveres para retrasar la putrefacción del cuerpo ya se estaba practicando en el año 3500 a. C. y no comenzó en el Reino Antiguo, como se creía hasta ahora.


No se trató de un caso aislado o un ejemplo único, porque la tumba 25 del cementerio HK6, así como la tumba 16 (una mujer de unos 30 años) y la tumba 85 del cementerio HK43 de Hieracómpolis demostraron poseer momias semejantes... y algunos misterios, porque al cuerpo de la tumba 85, bautizado como Paddy (una joven de entre 16 y 20 años) le cortaron el cuello (literalmente) antes de acolcharlo con lino empapado en resina. La investigación al respecto de los motivos (¿un asesinato, un ritual?) continúa.

Hieracómpolis era la capital de uno de los tres proterreinos (los otros dos eran Nagada y Abydos) que dominaban por entonces el sur de Egipto, los cuales terminarían por amalgamarse posteriormente y conquistando todo el valle del Nilo para dar lugar a la I dinastía en torno al 3100 a. C.

Al cuerpo del joven Paddy le cortaron el cuello antes de acolcharlo con lino empapado en resina.
Resulta lógico, por lo tanto, que en el yacimiento aparezcan muchos "primeros" de la historia de Egipto. Claro, que un reciente estudio puede quitarle la distinción de poseer las primeras momias egipcias, que pasarían a ser las enterradas en el cementerio de Mostaggeda, cerca de la moderna Asyut (en el Medio Egipto). Se trata de cuerpos de una necrópolis badariense, el más antiguo de los períodos en los que se divide el Predinástico egipcio, fechado entre el 4400 y el 4000 a. C.

La investigadora Jana Jones y sus colegas de la Macquarie University de Sydney (Australia) han estudiado unas cincuenta muestras de restos textiles que se conservan en el Museo de Bolton (Inglaterra) desde hace más de cien años. En todas ellas han encontrado que aparecen empapadas con un producto compuesto de unas tres cuartas partes de grasa animal mezclada con una pequeña cantidad de resina, extractos de plantas aromáticas, azúcar o goma vegetal y petróleo natural.

Una de las muestras textiles que se conservan en el Museo de Bolton que se conservan desde hace más de 100 años. 

Dado que la resina posee una cierta capacidad antibacteriana, se ha sugerido que la mezcla habría sido derramada sobre los cuerpos badarienses a modo de tratamiento embalsamador, convirtiéndolas así en los primeros intentos de conservación de cadáveres en Egipto. Desgraciadamente, la investigación no va a poder profundizar mucho más, porque a principios del siglo XX, cuando se desenterraron estas tumbas, los cuerpos de las mismas no eran considerados algo digno de ser conservado y fueron desechados. No se trataba de algo que uno quisiera llevarle al patrocinador de la excavación, que por entonces tenía derecho a la mitad de los hallazgos realizados.

En cualquier caso, a pesar de que la fecha de la aparición de las momias egipcias pueda retrasarse hasta el 3500 a. C. (cuerpos de Hieracómpolis) o incluso el 4400 a. C. (cuerpos de Mostaggeda) siguen quedándose lejos de las momias más antiguas del mundo, las de la cultura chilena de Chinchorro, fechadas en el 6000 a. C.

martes, 1 de abril de 2014

Nuevas tumbas reales en Abydos


EGIPTO 

Medía 1,70 m de altura y murió con unos 40 años Nuevas tumbas reales en Abydos
Se trata del esqueleto de Senebkay, un faraón que reinó hace más de 3.600 años
'Todo tuvo lugar a lo largo de varios días', afirmó el director del proyecto, Josef Wegner
'Primero encontramos la entrada y eso nos condujo hasta la cámara funeraria', añadió


Abydos fue una necrópolis importante en el antiguo Egipto antes incluso de que llegaran a existir los faraones y se creara un Estado centralizado. Por entonces, tres protoestados (Abydos, Nagada e Hieracómpolis) se disputaban la supremacía de la región y al amalgamarse terminaron por formar el germen de lo que al poco sería la i dinastía. Sus faraones dividían su tiempo entre la Residencia del sur y la del norte del país, pero se enterraron en Abydos, convertida así en la primera necrópolis real egipcia.

El reciente hallazo en la ciudad de la tumba del rey Senebkay, un faraón casi desconocido hasta este momento, que reinó hace más de 3.600 años, ha conmocionado a la Egiptología. Una misión de arqueólogos de la Universidad de Pensilvania ha descubierto su sarcófago e identificado su esqueleto, que pueden aportar datos cruciales sobre uno de los períodos más convulsos del País del Nilo.

Con la llegada del Reino Antiguo, los monarcas del valle del río se asentaron definitivamente en Menfis y fue en las cercanías de la capital donde construyeron sus grandes pirámides de piedra: en Sakkara, Guiza, Dashur, Abusir... Mientras tanto, Abydos no cayó abandonada, pues en ella se enterraron grandes personajes como Weni. Causas sociales y climáticas terminaron por quebrar el gobierno centralizado del país, danto paso a una época conocida como el Primer Período Intermedio.

El poder se fragmentó a todo lo largo del Nilo y Abydos fue un cementerio regional con un importante pasado regio. De hecho, fue el peso de su antigua necrópolis real el que no tardó en permitirle recuperar su importancia nacional. Durante el Reino Medio, al mismo tiempo que volvía a aparecer un Estado centralizado en el valle del Nilo, la tumba de un faraón de la i dinastía (Djer, enterrado acompañado por 590 servidores sacrificados) se identificó con la del dios Osiris. Una divinidad cuya importancia funeraria iba creciendo sin pausa.
La pequeña tumba de Senebkay consta de cuatro estancias decoradas
 con imágenes de las diosas Nut, Neftis, Selket e Isis. los textos de la tumba identifican como «rey del Alto y del Bajo Egipto, Woseribra, el hijo de Ra, Senebkay»

Desde ese momento, los peregrinos no dejaron de acercarse a Abydos a visitar la tumba del dios, dejando ofrendas en jarras de cerámica, tantas que acabaron por cubrir el lugar, que hoy día se llama en árabe Umm el-Qaab «la madre de todos los cacharros». El deseo de compartir camposanto con el dios funerario por excelencia hizo que los pudientes decidieran construirse allí pequeños cenotafios. Una práctica a la que no se sustrajo el faraón Senuseret III, quien no sólo se construyó en Dashur una pirámide (de ladrillo revestida luego con caliza), sino también un espectacular cenotafio que terminaba al pie del acantilado de Abydos.

La compleja estructura de las habitaciones excavadas bajo la montaña de Anubis convierten esta tumba, pues algunos egiptólogos consideran que fue aquí donde reposaron sus restos y no en Dashur, en una de las más interesantes de la época. Poco tiempo después, la unidad política volvía a romperse en el valle del Nilo, dando comienzo al Segundo Período Intermedio.

La momia apareció descuartizada.
Corresponde a un varón de 1,70 metros
de altura que falleció entre los 40-45 año.
.
La parte norte de Egipto cayó entonces bajo el control de un linaje de reyes de origen asiático conocidos como hyksos, que gobernaban desde el Delta. Según la teoría de un egiptólogo danés, Abydos se habría convertido entonces en una especie de «Estado tapón» gobernado por los soberanos de la «dinastía de Abydos», un linaje provincial que habría mantenido la región fuera del alcance de los hyksos. Al encontrar la tumba de Woseribre Senebkay, uno de sus soberanos, las excavaciones de la Universidad de Pensilvania acaban de demostrar que esa «dinastía de Abydos» existió realmente. «Todo tuvo lugar a lo largo de varios días -dice Josef Wegner el director del proyecto-. Fue un poco como el rey Tut, porque primero encontramos la entrada y eso nos condujo hasta la cámara funeraria. Alcanzamos una cámara de caliza con pinturas, con cartuchos y la titulatura del faraón.»

Junto a una inmensa habitación-sarcófago de cuarcita de 60 t de peso apareció descuartizada la momia del faraón, un hombre de 1,70 m de altura, que falleció con unos 45-40 años de edad, bastante alto y bastante mayor para la época.

Era evidente que el sarcófago-habitación, típico del Reino Medio, había sido reutilizado, porque allí aparecieron restos de una caja de madera para vasos canopos que llevaba grabado el nombre de un faraón completamente distinto: Sobekhotep, quien quizá fuera el primer monarca de la xiii dinastía y que sólo gobernó tres años. Lógicamente, Wegner y su equipo continuaron buscando hasta dar con su tumba, que pensaban estaría cerca, como así fue. Situada bajo los restos de una pirámide, cerca de la de Senebkay, ambas forman parte de un conjunto de lo que se cree pueden ser otras dieciséis tumbas reales del mismo período.

Y es que, como demuestran la pirámide de Ahmose (el fundador de la xviii dinastía y del Reino Nuevo) o los templos de Tutmosis III (el gran conquistador egipcio), Seti I (fundador de la xix dinastía) o Ramsés II (hijo del anterior), la necrópolis de Abydos siempre fue básica para el sostén ideológico de la monarquía faraónica. Al fin y al cabo, al fallecer el monarca se transformaba en Osiris y donde si no aquí se encontraba la tumba del dios...

Fuente:
http://www.elmundo.es/internacional/2014/03/08/531ae84f22601d85438b456d.html