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sábado, 17 de octubre de 2015

¿De qué murió Tutankamón?

Casi un siglo de intervenciones y análisis han dado lugar a resultados, a menudo contrapuestos, sobre la muerte del faraón más mediático

Algunas lesiones que la momia presenta han podido producirse después de la muerte


En noviembre de 1922, Howard Carter irrumpió en KV 62, la tumba de Tutankamón en el Valle de los Reyes, y ambos, el arqueólogo y el difunto rey, lo hicieron en la historia. Los dos eran escasamente conocidos antes de ese momento, pero a partir de entonces la egiptología no se pudo concebir sin una referencia a sus nombres. Un saber académico y especializado dio el salto a los medios de comunicación de masas de la época, las revistas ilustradas y los noticieros cinematográficos, para no abandonarlos ya nunca. Y así hasta nuestros días.

Pero claro, para que haya una tumba tiene que haber un difunto. Es muy cierto que en los años inmediatamente posteriores al descubrimiento del enterramiento intacto (o casi) la atención se centró fundamentalmente en los “tesoros” que emergían, cuidadosamente fotografiados e inventariados, de la tumba. Los espectadores pudieron contemplarlos y los turistas admirarlos posteriormente en el Museo Egipcio del El Cairo. El pobre difunto, sin embargo, no hizo el viaje. El cuerpo momificado del rey no siguió el camino de varios de sus regios familiares en el trono de Las Dos Tierras que habían sido descubiertos en la zona cuarenta años antes y ahora reposaban a la vista de los turistas en el mismo Museo de El Cairo, seiscientos kilómetros al norte de dónde fueron enterrados. La momia de Tutankamón quedó, solitaria, en el mismo lugar de la tumba en la que fue depositada. A partir de ese momento, miles y miles de visitantes contemplaban su sarcófago, conscientes o no de que en el interior intentaba descansar para la eternidad el joven rey difunto.

Un hecho cuya relevancia a menudo se pasa por alto es la coincidencia temporal entre el descubrimiento de la tumba de Tutankamón en 1922 y la muestra pública por primera vez del busto de la reina Nefertiti en Berlín en 1924, aunque había sido encontrada por el arqueólogo alemán Ludwig Borchardt doce años antes. El busto de la reina, madrastra del propio Tutankamón, se convirtió inmediatamente en un foco de interés del público. Hasta el punto que hoy no podemos dudar de que el busto de Nefertiti y las máscara de oro de Tutankamón constituyen los dos iconos más poderosos que representan a la cultura egipcia antigua. La relación familiar que une a los dos personajes y el interés del periodo histórico en el que se desenvuelve su biografía, que no es otro que el atractivo y sugerente periodo de la reforma religiosa de Amarna llevada a cabo por el esposo de Nefertiti y probable padre de Tutankamón, Akenatón, focalizó el interés en conocer más y más íntimamente los “misterios” que el cuerpo momificado podía albergar, toda vez que de los otros personajes del capítulo no nos habían llegado sus reales despojos.

La localización de la momia de Tutankamón no facilitaba su acceso ni su estudio. Cualquier intervención sobre ella suponía cerrar al público su tumba, uno de las principales punto de interés del mítico Valle de los Reyes donde fue encontrado.

Complicación y mal negocio. 

A pesar de ello, se llevaron a cabo numerosos análisis y observaciones, los primeros de ellos al tiempo de su descubrimiento, entre 1922 y 1924, bajo la dirección del propio Howard Carter. A medida que las técnicas de análisis se han ido desarrollando, nuevos datos se han añadido a los que poseíamos, en ocasiones arrojando luz y en otras sombras al conocimiento físico del monarca y, por lo tanto, a las probables causas de su muerte. Uno no puede pensar en una autopsia más prolongada que la que ha experimentado el cuerpo del joven rey. Casi un siglo de intervenciones, análisis y resultados, a menudo contrapuestos. Si añadimos a esto el trasiego constante de turistas frente a su sarcófago tendremos que llegar a la conclusión de que la pretensión de un eterno descanso no pasó, en el caso del desdichado monarca, de una esperanza decepcionante.

Médicamente hablando, el joven monarca tenía muy malas cartas. Su familia, la llamada dinastía XVIII egipcia, había experimentado varias crisis sucesorias desde la llegada al trono de su ancestro común Tuthmosis I. En Egipto, para preservar el linaje regio, no era raro en la familia real el recurrir a matrimonios incestuosos. La familia tutmósida, la de Tutankamón, tenía un altísimo nivel de consanguinidad. De hecho, este factor se ha puesto repetidamente de manifiesto en la peculiar figura del padre de Tutankamón, el llamado rey hereje Akenatón. Algunos aspectos del especial estilo de representar su figura se pueden explicar acudiendo a afecciones médicas conocidas, como el síndrome de Marfan. Lo mismo se puede decir de sus posiciones en el tema religioso y su inclinación hacia un misticismo claramente acentuado, que se puede poner en relación con afecciones como la epilepsia. Los españoles somos históricamente conscientes de lo que el incesto puede hacer a una dinastía que la practica como manera de perpetuarse, y el final de nuestros Austrias, con el ejemplo de Carlos II, no deja lugar a dudas. La proverbial promiscuidad borbónica asegura, sin embargo, que los reyes crezcan fuertes, sanos e inmunológicamente diversificados.

El rey no era muy corpulento, aunque tenía una estatura de 1,80 metros aproximadamente. Un reciente estudio publicado en 2010 establece con bastante seguridad que Tutankamón era hijo de la momia encontrada en la tumba KV55 del Valle de los Reyes, de la que muchos especialistas ya pensaban que podría ser la de Akenatón a pesar de los problemas para establecerlo así. Este estudio lo confirma. Por lo tanto, los problemas heredados de su familia le afectarían de lleno. Su madre, de acuerdo al mismo estudio, sería una momia femenina encontrada en la tumba KV35 también del Valle de los Reyes. Esta momia fue conocida durante mucho tiempo como la “dama joven” y el estudio de 2010 nos indica que era hermana del propio Akenatón, hija, por tanto, de Amenhotep III, cuya momia se conserva, y de Tiyi, su esposa, momia también conservada, conocida como la “dama anciana” y encontrada junto a la de su hija en la misma tumba KV35. Los padres de Tutankamón eran, por tanto, hermanos. Esta circunstancia incrementa de modo exponencial las consecuencias de la consanguinidad en Tutankamón. Ambos progenitores tenían la misma carga genética problemática que se multiplicaba al confluir en el joven monarca. En la misma tumba del rey, KV62, aparecieron dos fetos femeninos, cuyos análisis posteriores determinaron que eran hermanas entre sí e hijas del rey. Un indicador más, quizá, de su pedigrí incestuoso. La esposa de Tutankamón, Ankhesenamon, era hermana suya también, al menos de padre.

Ese mismo estudio (y varios otros realizados antes y después) muestran las consecuencias que esta consanguinidad puede haber tenido sobre las características físicas y malformaciones del cuerpo del joven faraón. Por lo pronto, se identificó al rey como paciente de la llamada enfermedad de Köhler, una osteocondrosis que afecta al hueso escafoide del pie. Consiste en una necrosis del hueso por falta de riego sanguíneo. Las consecuencias más obvias serían el dolor y la inflamación y una evidente cojera que limitaría considerablemente su movilidad. Además, Tutankamón padecía una desviación de la columna, probablemente relacionada con la malformación anterior. La cojera del rey se comprueba arqueológicamente por la existencia de bastones para caminar entre los objetos del ajuar funerario descubiertos por Howard Carter en su tumba.

Molesta como sería esta afección, sin embargo, ella no supone una amenaza para la vida de quien la padece. Sin embargo, la momia del rey ha desvelado que también padecía malaria, en su variedad más virulenta, y que había sido infectado varias veces por el mosquito portador de la enfermedad a lo largo de su corta vida. La malaria puede desencadenar un shock circulatorio o causar una respuesta inmunológica fatal. En cualquier caso, su padecimiento crónico surte un efecto debilitante, dejando al paciente mucho más expuesto a cualquier otra afección. Hubiera mermado la resistencia de su sistema inmunológico y evitado que su problema de necrosis en el pie mejorara. Todo ello en un cuerpo especialmente poco apto, por la consanguinidad, para la salud.

Sobre su muerte apenas sabemos nada. 

Tampoco sabemos demasiado sobre su vida, deberíamos admitir. Sus apenas dieciocho años de vida entran en el campo de la especulación. Pero claro, teniendo en cuenta las circunstancias del hallazgo de su tumba y su cuerpo, es razonable la curiosidad sobre la razón que llevó éste a aquélla. El asesinato es una opción siempre atractiva para personajes históricos. Añade interés y hace recaer una atención dramática sobre el sujeto. También juega con la presencia de buenos y villanos. Todo esto se traduce, voluntariamente o no, en beneficios y notoriedad, a veces breve, para quien lo propone.

Cuando Howard Carter abrió el sarcófago que contenía el cuerpo del rey se encontró con que las resinas se habían endurecido de tal manera que era muy difícil separar del cuerpo los vendajes y ambos del sarcófago que los contenían. Se probaron varios métodos, incluido la exposición del sarcófago al sol tebano para que las resinas se reblandecieran. No cedieron. Carter decidió, pues, cortarlas con cuidado. Con todo, este forcejeo y manipulación del cuerpo, las resinas y las vendajes ha alimentado la polémica. Porque algunas lesiones que la momia presenta han podido producirse después de la muerte. Así, el cráneo, hoy separado del cuerpo, presenta una fractura en su base y una fisura que sería consistente con un gran golpe. Si lo recibió en vida habría que buscar a un villano. El anciano Ay, suegro de Akenatón y quien le sucedería en el trono, es un candidato perfecto para estar detrás de este golpe, literal y metafóricamente. El pobre Ay es un personaje histórico antipático que no le cae bien a nadie. Si las lesiones se produjeron tras la muerte los responsables serían unos embalsamadores poco cuidadosos o un arqueólogo impaciente. Algo menos dramático.

En 2005, un análisis por TAC reveló que el rey se había fracturado una pierna por la rodilla poco antes de su muerte, ya que el hueso no tuvo tiempo de soldar. Fue una fractura especialmente complicada. Al parecer, la fractura se infectó. Podemos imaginar los efectos de una infección importante en un cuerpo debilitado inmunológicamente y afectado por una malaria virtualmente crónica, además de otras afecciones. En 2012, otro informe propuso que el monarca sufrió una ataque epiléptico, enfermedad tradicionalmente relacionada con su padre Akhenaton, y que este ataque le habría hecho caer al suelo produciendo la mencionada fractura.

Las numerosos análisis realizados son consistentes en la enumeración de afecciones, varias de ellas consideradas como taras congénitas, que son mucho más numerosas en casos de hijos de parejas consanguíneas. El rey padecía de un paladar hendido, condición asociada normalmente a esta circunstancia, pero también se han mencionado otras posibles enfermedades, como el síndrome de Marfan, el síndrome de Fröhlich, el de Klinefelter o el de Antley-Blixer.

El catálogo de síndromes relacionados con el monarca muerto se hace interminable e impronunciable.


Recientemente, en 2013, otro estudió llegó a la conclusión de que el monarca sufrió un accidente, concretamente con un carro. Según este estudio, Tutankamón recibió un gran golpe, que le afectó a la totalidad de su costado derecho, mientras se encontraba de rodillas. Qué hacía un monarca cojo de rodillas subido en un carro o delante de él es otro de los misterios que quedaría por resolver en este caso. Un año después, otro estudio más reveló que las lesiones del costado derecho fueron producidas post-mortem, restando emoción a una historia controvertida y haciéndonos regresar de nuevo al escenario de los embalsamadores chapuceros o la ansiedad del quizá no tan flemático egiptólogo inglés.

Quedan, sin duda, análisis por hacerse. Más técnicas se descubrirán que habrán de aportar más y más información a lo que vamos conociendo.
Lo que sabemos hoy, en definitiva, es que tenemos frente a nosotros la historia de un joven que no llegó a madurar en la vida, a la que llegó con una pesada mochila genética y una baza de cartas muy mala. 

Las condiciones higiénicas del Egipto antiguo no eran como las nuestras, huelga decirlo, y los métodos curativos tampoco. En estas condiciones cualquier afección o infección razonablemente normal, bacteriana o vírica, un mal enfriamiento derivado en neumonía o una insolación podría desencadenar una cadena de consecuencias que, en plena juventud, le llevara a la tumba. Allí donde lo encontró Howard Carter.

Dr José-R. Pérez-Accino. Departamento de Historia Antigua de la Facultad de Geografía e Historia. Universidad Complutense de Madrid

Fuente: http://elpais.com/elpais/2015/09/28/ciencia/1443452149_626570.html

martes, 25 de noviembre de 2014

Ninguna es Cleopatra: Las tres mujeres faraón más poderosas del Antiguo Egipto

Al hablar de mujeres poderosas en el Antiguo Egipto, muchos piensan de inmediato en Cleopatra VII y en otras grandes reinas que han alcanzado popularidad en la actualidad, como Nefertiti. No obstante, ellas no fueron las únicas.

En el Antiguo Egipto existieron tres reinas faraón, que gobernaron la magnífica civilización en tiempos en que el cargo estaba reservado para los hombres. Éstas son :
Hatshepsut (entre 1479/1473 y 1458/1457)
Neferusobek (entre 1798/7 a 1794/3 a. C)
Tausert (entre 1194/93-1186/85 BC)

La diferencia de estas tres reinas con la ampliamente conocida Cleopatra VII es que, si bien ésta es la última faraón de Egipto, en realidad siempre fue corregenta junto a sus hermanos Ptolomeo XIII y Ptolomeo XIV, quienes también eran sus esposos (en la realeza del Antiguo Egipto era una práctica habitual contraer matrimonio con familiares cercanos).
Además, la época en la que gobernó Cleopatra fue el período Ptolemaico, en que el poder de la dinastía había decaído mucho en comparación con los siglos anteriores.

En el caso de Nefertiti, ésta era la Gran Esposa Real de Akenatón, puesto desde el cual ejerció mucho más poder que otras reinas egipcias. Se cree que tras la muerte de su marido asumió como faraón bajo el nombre de Semenejkara, pero esto aún no ha logrado ser comprobado, según acota el canal cultural History.
De esta forma, se podría considerar que Neferusobek, Hatshepsut y Tausret son las tres mujeres faraón que existieron en Egipto hace miles de años y que ejercieron el poder al mismo nivel que los hombres faraón, no como corregentas.

-Neferusobek: 

se cree que fue la primera reina faraón del Antiguo Egipto, de acuerdo a los descubrimientos que se han realizado hasta ahora. También conocida como Sobeknofru, estuvo en el cargo entre 1799 y 1795 A.C. aproximadamente.
No se sabe mucho sobre ella, principalmente porque la mayoría de sus templos no sobrevivieron el paso del tiempo, detalla la University College de Londres.
Era hija de Amenemhat III y fue faraón tras la muerte de Amenemhat IV, quien se cree habría sido su hermano y esposo, señala el Museo Británico. No están claras las circunstancias en que llegó al poder, y su tumba aún no ha sido hallada.

-Hatshepsut: 


gobernó entre 1479 y 1458 A.C. aproximadamente. Era hija de Tutmosis I y su Gran Esposa Real, la princesa Ahmose. Al no tener herederos varones de Ahmose, Tutmosis I nombró a Hatshepsut como su sucesora. No obstante, cuando éste murió las autoridades de la época no respetaron sus deseos y en lugar de ella asumió Tutmosis II, que era hijo del gobernante fallecido con una “esposa secundaria”, es decir, mujeres que no eran la consorte oficial.
Para que Tutmosis II pudiese tomar el cargo de forma legítima, Hatshepsut tuvo que casarse con él. Luego que su esposo y hermanastro muriera 13 años después de iniciado su reinado, fue nombrado heredero Tutmosis III, que era hijo del faraón con una esposa secundaria.
Debido a que Tutmosis III era un niño, Hatshepsut asumió como regenta hasta que éste pudiese gobernar. No obstante, la reina no había olvidado que a ella le correspondía el trono, e hizo algo impensado hasta entonces: se autonombró faraón.
Así, comenzó a reinar por un período que finalmente duró alrededor de 20 años, siendo la mujer faraón que estuvo más tiempo en ese cargo.
Una particularidad de Hatshepsut es que en lugar de mantener su apariencia femenina, se hizo representar como un faraón hombre y adoptó casi todos los títulos de éstos, incluso usando la “barba real” que debían llevar. Debido a eso, en muchas de las imágenes que hay de ella en la actualidad se ve con apariencia masculina y musculosa, tal como indica el canal cultural de televisión History.

-Tausert: 

gobernó entre 11194/1193 y 1186/1185 A.C., formando parte de la XIX dinastía. Era la segunda Gran Esposa Real de Seti II. Luego de la muerte de su marido, el heredero Siptah -que era hijastro de esta reina- asumió como faraón a muy temprana edad, por lo cual Tausert se volvió su regenta hasta que éste pudiese gobernar.
Sin embargo, Siptah murió pocos años después, lo que permitió que Tausert se convirtiera en faraón.
Una guerra civil se registró hacia el final de su reinado. Por ello, existen varias teorías respecto a cómo murió. Una de éstas dice que podría haber sido derrocada por Sethnajt, quien luego se convirtió en faraón y fundó la dinastía XX, de acuerdo al portal estadounidense sobre política Daily Kos.

Fuente: BioBioChile http://www.biobiochile.cl/2014/11/23/ninguna-es-cleopatra-las-tres-mujeres-faraon-mas-poderosas-del-antiguo-egipto.shtml

lunes, 17 de noviembre de 2014

La transición entre Akhenaton y Tutankhamon

Conferencia impartida por el Dr. José Lul

en Madrid, el 9 de octubre de 2014 con el patrocinio de la Asociación Española de Egiptología y la colaboración del Museo San Isidro los Orígenes de Madrid.



martes, 15 de abril de 2014

Descubren la estatua de una hija del faraón Amenhotep III en el sur de Egipto

La estatua representa a la princesa Iset, hija del faraón Amenhotep III, entre los pies de su padre. 
Amenhotep III fue uno de los faraones más destacados de la dinastía XVIII, padre del rey Akenatón y abuelo de Tutankamón. Iset llevaba según las investigaciones una peluca redonda, una túnica larga y un collar en la mano derecha.

Arqueólogos europeos han descubierto una estatua que representa a Iset, una de las hijas del faraón Amenhotep III (1390-1352 a.C.), en la zona de Luxor, en el sur de Egipto, según ha infrormado el ministro egipcio de Antigüedades, Mohamed Ibrahim.

En un comunicado, Ibrahim ha explicado que la pieza arqueológica ha sido hallada por un equipo de expertos presidido por la arqueóloga armenia Hourig Sourouzian, durante los trabajos de restauración del templo funerario de Amehotep III en la zona de Kom al Hitan, situado en la ribera oeste del río Nilo. La estatua mide 1,70 metros de altura, 52 centímetros de ancho y forma parte de un alabastro de catorce metros de alto

La estatua, que mide 1,70 metros de altura y 52 centímetros de ancho, formaba parte de un coloso de alabastro de catorce metros de alto, que representa a su progenitor y estaba emplazado en uno de los portones del templo, por lo que ha comentado el ministro, quien recordó que la mayoría de las partes de esa construcción han sido descubiertas durante los últimos años.

Ibrahim ha destacado que la importancia del hallazgo radica en que es la primera vez que se encuentra una estatua que une solo a Iset con su padre, ya que se han descubierto muchas otras que la representan con sus padres y hermanas, y que son exhibidas en el Museo Egipcio de El Cairo.

Por su parte, el jefe del Departamento de Egiptología del Ministerio, Ali Al Asfar, ha precisado que la estatua representa a la princesa entre los pies de su padre, la cual lleva una peluca redonda, una túnica larga y un collar en la mano derecha. Asimismo, ha revelado que el rostro ha sufrido los efectos de la erosión, al tiempo que tiene grabadas inscripciones con su nombre y los títulos que ostentó, como "la amada de su padre".

Amenhotep III, también conocido por su nombre griego, Amenofis III, fue uno de los faraones más destacados de la dinastía XVIII, y padre del rey Akenatón y abuelo de Tutankamón.

Fuente: http://www.20minutos.es/noticia/2079091/0/descubrimiento-estatua/hija-faraon-amenhotel-iii/sur-egipto/

martes, 1 de abril de 2014

Evento sobre Egipto en Madrid el 3 de Abril de 2014


La Concejal Presidente del Distrito de San Blas- Canillejas Dña. Almudena Maillo, la Fundación 3M y el Instituto de Estudios del Antiguo Egipto tienen el placer de invitaros a la presentación:

El Visir que se enfrentó a Aj-En-Atton y los últimos descubrimientos de la Misión Arqueológica Española en Luxor (Egipto).

Tendrá lugar el día 3 de Abril a las 19.30h en el Centro Cultural Antonio Machado en la Calle San Román del Valle, 8 Madrid.

****Entrada libre hasta completar aforo****

Fuente:
https://www.facebook.com/events/290643934426568/

Akenatón habría reinado con su padre, según arqueólogos españoles

Fragmento de una de las columnas del hallazgo de la expedición española
Cuatro columnas de piedra caliza, enfrentadas de dos a dos en el interior de la tumba del visir Amen-Hotep Huy. Y en sus relieves, los cartuchos con los nombres de dos faraones que compartieron el poder: Amenofis III y su hijo, Amenofis IV, Akenatón. No es un hallazgo arqueológico más, sino, según sus descubridores, uno que incita a revisar la historia del Antiguo Egipto en un período crucial: la decimoctava dinastía (entre el 1550 y el 1295 a.d.C. aproximadamente), en la que se instauró por primera vez el monoteísmo en el mundo. La dinastía a la que pertenece uno de los faraones más populares, Tutankamón

El hallazgo lleva firma española, la del equipo que encabeza el egiptólogo Francisco José Martín Valentín, que se ha pasado los últimos 14 años dirigiendo una excavación en Asasif, una de las necrópolis de la antigua Tebas, en la orilla occidental del Nilo en Luxor. Para Martín Valentín —que ha presentado el hallazgo esta mañana en una rueda de prensa en el Instituto de Estudios del Antiguo Egipto (IEAE) de Madrid acompañado de Elsayed Soheim, consejero de Cultura del Instituto Egipcio, y de Mohamed Mohsen Ismael, agregado de Turismo de Egipto en España— este descubrimiento supone una "prueba irrefutable" de una corregencia entre Amenofis III y su hijo y en su opinión  zanja una vieja y enconada polémica entre los egiptólogos acerca del asunto. Valentín va más allá  y especula con que el hallazgo vendría a demostrar la hipótesis de que padre e hijo no solo reinaron juntos sino que concibieron entre los dos la revolución monoteísta que le quitaría el poder al sacerdocio de Amón para concentrarlo bajo la égida del dios solar Atón y daría paso a uno de los períodos más turbulentos de la historia del antiguo Egipto.
La cámara de la tumba a finales de 2013, con los vestigios de las columnas

"El descubrimiento acorta al menos en 10 años la cronología de la decimoctava dinastía y obliga a revisar viejas cuestiones nucleares de ese periodo, no solo la revolución monoteísta sino también la paternidad de Tutankamón, amén de muchas otras cuestiones clave en la egiptología", ha subrayado Martín Valentín. "El hallazgo lo hicimos el 20 de noviembre de 2013. Durante todo este tiempo ha sido validado por el Ministerio de Antigüedades egipcio empleando el duro análisis de las evidencias por todos los expertos, incluidos aquellos contrarios a la teoría de la corregencia. Y ha resistido". Sin embargo, otras fuentes egiptológicas han pedido prudencia y han considerado que el descubrimiento no es concluyente.

Plano en planta de la tumba del visir Amen-Hotep Hu
La prueba, según Valentin, son los dos relieves que muestran a ambos faraones sentados sobre el trono real, un símbolo de protocolo que indica "sin duda alguna" que ambos reinaban simultáneamente. Además, apunta el estudioso, hay otra evidencia que refuerza esta teoría. Martín Valentín y su equipo encontraron una estatua del vissir Amon-Hotep Huy decapitada y con las manos mutiladas: "No se trata de un deterioro natural. Hemos demostrado, por la forma del corte de la caliza, que esta mutilación fue meticulosa, un ensañamiento contra esta figura. ¿Por qué? Pues probablemente porque era un ultraortodoxo de Amón y hay hallazgos que confirman que siguió ejerciendo el culto a este dios cuando se instauró el monoteísmo durante el reinado de Amenofis IV". Valentin resalta el redescubrimiento de los últimos tiempos de la figura de Amenofis III, al que se tenía por más bien pasivo y hedonista y al que se le otorga ahora un papel activo en la revolución teológica de su hijo, que se cambió el nombre por el de Akenatón y trasladó la capital del imperio de Tebas a Ajetatón, la nueva ciudad fundada por él mismo.

La tumba del visir Amen-Hotep Huy no se quedará solo como un hallazgo de peso científico e histórico. Los planes de la misión y del Gobierno egipcio son restaurarla para que pueda ser visitada por los turistas. Martín Valentín espera poder abrirla al público en tres o cuatro años, si la excavación pendiente del patio que antecede a la cámara no pone esos planes patas arriba. En cualquier caso, el egiptólogo ha querido recalcar (respondiendo a preguntas planteadas por los dos representantes egipcios de la presentación) que Egipto es en estos momentos un lugar "perfectamente seguro" para hacer un viaje. "Si vienen, los invito a cruzarse El Cairo conmigo de punta a punta. Aunque hubiera algún tipo de problema en algún barrio, no se enterarían. Egipto necesita que el turismo vuelva. Y visitar Egipto es algo que hay que hacer al menos una vez en la vida".

Fuente:
http://cultura.elpais.com/cultura/2014/03/18/actualidad/1395147878_576906.html