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miércoles, 13 de julio de 2016

El más famoso descubrimiento de Egipto del que no has oído hablar

Bab el-Gasus (la puerta de los sacerdotes).

Localización de Bab el-Gasus en Deir el-Bahari / foto de Nigel Fletcher-Jones

Mirando la fachada del gran templo de Hatshepsut en Deir el-Bahari, a la derecha junto al moderno centro de visitantes, hay un espacio cuadrado sin indicación alguna, frente al que los turistas suelen pasar sin detenerse. Se le conoce como Bab el-Gasus (la puerta de los sacerdotes).
 
Es la puerta de entrada al lugar de enterramiento de 153 sacerdotes y sacerdotisas, servidores del dios Amón en ese templo durante la 21 dinastía (1070 a 945 a.C.). Hoy olvidada por los visitantes, e incluso por la mayoría de los arqueólogos, su descubrimiento fue un gran acontecimiento en 1891.
Porque la magnitud de lo encontrado en su interior rivalizaba incluso con las más grandes y famosas colecciones jamás halladas en Egipto. De allí los arqueólogos extrajeron en apenas unos pocos días 254 sarcófagos, 110 cajas de shabtis, más de 100 papiros, 80 estatuillas, estelas, amuletos, tejidos e incluso flores.

El hallazgo también fue importante porque permitía comprender en gran medida como era la vida de hombres y mujeres de las clases medias de la sociedad, en una época convulsa. Un período de tiempo que siguió al asesinato de Ramses III, unas pocas décadas antes del comienzo de la 21 dinastía, cuando los sacerdotes del templo de Amón dominaban el medio y alto Egipto.

Todo eso cayó en el olvido de manera que incluso cuando se celebró recientemente el 125 aniversario del descubrimiento, la conferencia celebrada por el Ministerio de Antigüedades en Zamalek se refirió a Bab el-Gaus como el descubrimiento olvidado.

Sarcófago doble hallado en Bab el-Gasus


La excavación de Bab el-Gasus fue víctima de su propio éxito. De ella se extrajo tan ingente cantidad de objetos que era imposible almacenarlos todos en el museo de Guiza, el predecesor del actual Museo Egipcio. De modo que el gobierno decidió en 1893 entregar la mitad de los sarcófagos y otras piezas a países occidentales.

Estos lotes, a su vez, fueron divididos en otros muchos a su llegada a los países destinatarios. Por ejemplo, en Francia varios museos regionales recibieron piezas a través del Louvre. En una época en la que los registros no eran precisamente rigurosos, con lo cual muchas piezas están técnicamente desaparecidas.

Los que se quedaron en Egipto fueron almacenados y pocos han sido expuestos al público. Incluso piezas tan importantes como el papiro de la mujer y el cocodrilo, cuelgan hoy en las escaleras del Museo Egipcio sin mención de su procedencia.

En algunos museos occidentales sí que se pueden contemplar sarcófagos procedentes de Bab el-Gasus, donde son las piezas centrales de la colección. Se los puede reconocer por el barniz de color amarillo oscuro empleado por los artesanos de los talleres de Tebas, y por la rica decoración de sus paredes, fondo y tapa.

Papiro de la mujer y el cocodrilo / foto por Nigel Fletcher-Jones


En los últimos años parece que los egiptólogos han vuelto a retomar el interés por el análisis del yacimiento. Principalmente como medio de conocer mejor el papel de la mujer en las prácticas religiosas de la época. Hasta 70 sacerdotisas han sido identificadas a partir de los hallazgos, y queda pendiente una investigación que permita rastrear sus relaciones familiares y el significado de cada uno de sus títulos.

Una nueva conferencia sobre Bab el-Gasus está prevista que se celebre en septiembre en Lisboa, con el añadido de una exposición especial en el Museo Egipcio de El Cairo en noviembre, que mostrará por vez primera algunas de las principales piezas. Finalmente parece que el descubrimiento de la puerta de los sacerdotes recuperará su lugar en la historia.

Fuente: http://egypttoday.com/blog/2016/07/10/the-most-famous-ancient-egyptian-site-you-have-never-heard-of/

lunes, 26 de enero de 2015

Expedición mexicana en Luxor revela misterio egipcio


La historia faraónica es una sucesión de lealtades y traiciones. La misión mexicana de especialistas que trabaja en la exploración y restauración de la tumba tebana 39 (TT39), en la ciudad de Luxor, Egipto, ha descubierto una serie de mensajes ocultos en las paredes del sepulcro, que narran una antigua historia de lealtad a dos reyes.
La lectura de los pictogramas ha permitido aventurar una teoría: al mismo tiempo que Pui-Em-Ra -segundo sacerdote del dios Amón y a quien pertenece el sepulcro- era leal a Tutmés III, también lo era a la antecesora Hatshepsut, gobernante sobre la que “hay muchos misterios de cómo desapareció, si la mataron, se retiró o qué paso”, dice Gabriela Arrache, directora de la Sociedad Mexicana de Egiptología (SME), quien encabeza el grupo mexicano que trabaja en el país africano.
El trabajo de los mexicanos “ha permitido hacer ciertas aportaciones a la historia del antiguo Egipto”. Al final de su carrera, dice la especialista, Pui-Em-Ra servía a Tutmés III, “pero él amaba a la reina y deja escondida su lealtad en los muros, lo hemos descubierto a la hora de analizar la epigrafía”.
La descripción de la construcción de capillas en su honor o símbolos como el de la cobra, que era protectora de Hatshepsut, forman parte de las evidencias de la teoría que Arrache dará a conocer en el Congreso Mundial de Egiptología, a realizarse en Florencia, Italia, en agosto próximo.
Las muestras de lealtad a la anterior reina, “la única mujer que gobernó en época de paz”, debieron ser escondidas por Pui-Em-Ra. Arrache explica que “si quedaba mal con el rey le podían quitar el puesto, tenía que ser leal al rey y lo era, nada más que tenía el recuerdo de la reina y en su tumba quiso dejarlo. Seguramente Tutmés III no fue a revisar la tumba y fue un escriba normal que no supo lo que estaba viendo”, señala.
La misión mexicana en Egipto, compuesta por expertos de la SME, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y la Universidad del Valle de México (UVM), recibió la concesión para trabajar en la TT39 en 2003; desde 2005, un grupo de expertos ha viajado a la ciudad de Luxor para restaurar el antiguo edificio. La última temporada de trabajo, que hoy será relatada en una conferencia de prensa, inició el 25 de octubre de 2014 y terminó el 10 de diciembre pasado.
La labor, realizada por 14 especialistas, incluyó fundamentalmente trabajos de arquitectura, restauración y epigrafía. Esta última tarea ha comenzado a dejar limpios los muros y a revelar las historias que hay bajo ellos, “el salvamento epigráfico no se puede hacer hasta tener limpias las paredes, es un cambio violentísimo de una pared que se ve absolutamente negra y se empieza a trabajar y aparecen los colores”, señala Arrache.
Los mensajes ocultos, afirma, se encuentran en el pasillo de la tumba de 17 metros de frente por casi 30 metros de profundidad. En un costado, está descrita la historia del noble a quien pertenece la tumba, en este caso Pui-Em-Ra; de frente, los hechos que describen los servicios que realizó para sus amos.
A diferencia de los sepulcros construidos para los gobernantes, en los que todo lo que se describe está ligado a la religión, en las de los nobles “hay historia, ellos contaban con qué rey estaban, contra quién pelearon, podían exagerar pero no mentir, porque esas inscripciones eran para los dioses”, dice.

Abrir en cuatro años

Durante la temporada de trabajo en 2014, dice Gabriela Arrache, los trabajos de consolidación de muros no pudieron concluirse debido a que la cantera de la ciudad de Luxor se mantiene cerrada tras los conflictos que vivió Egipto, “había que traer la piedra de otro lado y no llegó a tiempo”. A pesar de ello, la egiptóloga estima que la temporada del año que terminó fue muy alentadora y exitosa.
La parte medular fue el trabajo arquitectónico, “había paredes que había que consolidar que estaban con problemas de caerse”.
En la cámara norte, donde la creencia egipcia establecía que las almas de los nobles salían para recibir el culto, hubo una puerta falsa que fue retirada en 1897 y que hoy es una de las joyas del Museo de El Cairo. “Cuando fue retirada, al desprenderla tiró la pared que era de sillares, a la hora de la excavación encontramos muchísimas piezas que pertenecen a esa pared, pero había que reconstruirla”.
Los especialistas obtuvieron permiso para realizar una réplica de la puerta falsa, que se fabrica en México y que se espera sea colocada este año; la instación requería además la reposición del muro que fue destruido.
“Había que armar el muro con los sillares que teníamos y con sillares modernos, dejando muy claro cuál es original y cual es moderno; cuatro arquitectos de la UVM hicieron los planos y lograron establecer en dónde iba cada uno, ya quedó listo todo para que la temporada que entra se arme”, apunta. 
Además, las puertas de las cámaras, “son muy especiales, son una copia de las puertas de los palacios pero, debido a los pozos de saqueo, las tenemos en pedazos y hubo que planear cómo vamos a armar todo ese rompecabezas; ya quedó listo”.
También “en el santuario, en la parte central, había todo un material de adobe en muy mal estado; viendo cómo estaba eso se descubrió que atrás había una galería. Para la próxima temporada vamos a tener que quitar esa pared y ver cómo está”. Para concluir esos trabajos regresarán a Luxor unos 15 especialistas, en octubre de 2015.
Arrache dice que la TT39, construida hace 3 mil 500 años, “se tiene que abrir al público, oialá y en cuatro años podamos abrirla y será la primera vez que se abra algo en Egipto hecho al cien por ciento por mexicanos”, señaló satisfecha.
Dos momias falsas
Los Museos Vaticanos albergaban entre su vasto patrimonio cultural dos momias que, pese a parecer de la época faraónica, fueron fabricadas en algún momento del siglo XIX, cuando el Antiguo Egipto suscitaba un enorme interés.
Estas dos momias miden aproximadamente 60 centímetros de longitud, han sido investigadas durante el último año y una de ellas ya ha sido restaurada, publicó ayer el diario Il Corriere della Sera.
“Los resultados de los análisis han revelado que están fabricadas con el mismo método y que presentan las mismas particularidades”, comenta Alessia Amenta, directora de la sección Antiguo Egipto y Oriente Próximo del museo.
Ella ha sido la encargada de dirigir las investigaciones y ha contado con la ayuda del profesor Ulderico Santamaria y su asistente Fabio Morresi.
El único elemento de época faraónica hallado en las momias son las propias vendas, que datan del año 2000 a.C y que, sin embargo, están recubiertas por una resina que sólo se encuentra en Europa.
“Las vendas son de la época faraónica, pero cubiertas por una resina que no se encuentra en Egipto”, explicó Amenta.
Asimismo, dijo que el rostro infantil representado sobre las vendas fue dibujado en una lámina de estaño y cubierto por una resina para dotarle de un aspecto de dorado antiguo, “una técnica típica del siglo XIX inglés”.
En relación con su contenido, una tomografía (Tac) realizada en el Hospital G.Martino de Messina (sur de Italia) sobre una de las momias ha revelado que en su interior sólo hay “una tibia humana, pero de un adulto de la época medieval”.
“Un montaje estudiado para engañar a los coleccionistas más incautos”, señaló la profesora.
El periódico informa que Amenta ha localizado otras 40 momias falsas esparcidas por los museos de toda Europa.
Aún se desconoce la procedencia de las del Vaticano, pero los organizadores del museo ya están preparando una instalación para darlas a conocer al público.

viernes, 9 de enero de 2015

EL TECHO ASTRONÓMICO MÁS ANTIGUO DE LA HUMANIDAD

Aspecto del techo astronómico del hipogeo de Senenmut | Foto: Dorman (1991)

Así veían el cielo los egipcios hace más de tres milenios


Hace 3.500 años un arquitecto egipcio llamado Senenmut tuvo la idea de tallar motivos astronómicos en el techo de lo que quería que fuese su tumba. Esto dio lugar al techo astronómico más antiguo de la historia de la humanidad y, aunque finalmente no fuese enterrado en ese lugar porque no llegó a completarse, el techo está conservado y nos abre una ventana a cómo entendían el cielo y el tiempo en aquella época.

La Astronomía en el antiguo Egipto es un tema recurrente. Alineaciones estelares en sus construcciones, representación de constelaciones en sus tallas o estrellas que marcaban la siembra y recolección son algunos ejemplos de la amplia cultura astronómica que tenían en aquella época.

Entre todos los monumentos egipcios es conocido el templo de la reina Hatshepsut, hija de Tutmosis I y Ahmose. Perteneciente a la dinastía XVIII, esta reina vivió en el siglo XV aC, hace 3.500 años. Pero no vamos a hablar de esta reina sino de su 'chaty' o canciller real: el arquitecto Senenmut.

Este arquitecto diseñó el templo de la reina, entre otras construcciones. Pero hay una construcción que no ha tenido tanta repercusión: el hipogeo de Senenmut. A pesar de ser una Tumba Tebana (TT 353), se piensa que en ningún momento albergó el cuerpo sin vida del arquitecto, ya que sus restos yacen en otro enterramiento.

Siendo éste un lugar con poca repercusión y donde no se encuentra ningún cuerpo… ¿qué tiene de interés? Aquí es donde entra en juego la cultura astronómica del antiguo Egipto, ya que la parte superior del hipogeo está decorada con lo que se considera el techo astronómico más antiguo de la humanidad.

En él se muestran las principales constelaciones egipcias, los planetas representados por dioses y además, una representación del calendario egipcio, formado por doce meses de 30 días más cinco días llamados epagómenos que representaban el nacimiento de los dioses Osiris, Horus, Seth, Isis y Neftis y que se celebraban del 24 al 28 de agosto actuales.

En cuanto a las estrellas, en el techo se pueden encontrar asterismos como Sah (Cinturón de Orión), la Pierna del Toro (Osa Mayor), Noray (Boyero), La Barca (Puppis) o La Miríada (Pléyades). No es tanta la precisión con la que están representadas como lo que simbolizan, demostrando que hace más de 3.500 años los egipcios ya tenían una organización precisa tanto del tiempo como de la bóveda celeste.

Un proyecto español dirigido por Teresa Bedman y Francisco Martín Valentín, del Instituto Español del Antiguo Egipto, llevó a cabo un minucioso estudio para interpretar el techo, ofreciendo resultados que se pueden consultar en su página web.

A pesar de que sus meses, sus semanas, su calendario en general y su sistema de constelaciones era muy distinto al nuestro, ambos simbolizan dos caras de una misma moneda: un sistema para dividir el tiempo en partes iguales correspondiéndose con la percepción de las constelaciones en las distintas épocas del año. Sin duda, era unos grandes conocedores del cielo.

Fuente: http://www.cienciaxplora.com/astronomia/asi-veian-cielo-egipcios-hace-mas-tres-milenios_2014122300152.html

martes, 25 de noviembre de 2014

Ninguna es Cleopatra: Las tres mujeres faraón más poderosas del Antiguo Egipto

Al hablar de mujeres poderosas en el Antiguo Egipto, muchos piensan de inmediato en Cleopatra VII y en otras grandes reinas que han alcanzado popularidad en la actualidad, como Nefertiti. No obstante, ellas no fueron las únicas.

En el Antiguo Egipto existieron tres reinas faraón, que gobernaron la magnífica civilización en tiempos en que el cargo estaba reservado para los hombres. Éstas son :
Hatshepsut (entre 1479/1473 y 1458/1457)
Neferusobek (entre 1798/7 a 1794/3 a. C)
Tausert (entre 1194/93-1186/85 BC)

La diferencia de estas tres reinas con la ampliamente conocida Cleopatra VII es que, si bien ésta es la última faraón de Egipto, en realidad siempre fue corregenta junto a sus hermanos Ptolomeo XIII y Ptolomeo XIV, quienes también eran sus esposos (en la realeza del Antiguo Egipto era una práctica habitual contraer matrimonio con familiares cercanos).
Además, la época en la que gobernó Cleopatra fue el período Ptolemaico, en que el poder de la dinastía había decaído mucho en comparación con los siglos anteriores.

En el caso de Nefertiti, ésta era la Gran Esposa Real de Akenatón, puesto desde el cual ejerció mucho más poder que otras reinas egipcias. Se cree que tras la muerte de su marido asumió como faraón bajo el nombre de Semenejkara, pero esto aún no ha logrado ser comprobado, según acota el canal cultural History.
De esta forma, se podría considerar que Neferusobek, Hatshepsut y Tausret son las tres mujeres faraón que existieron en Egipto hace miles de años y que ejercieron el poder al mismo nivel que los hombres faraón, no como corregentas.

-Neferusobek: 

se cree que fue la primera reina faraón del Antiguo Egipto, de acuerdo a los descubrimientos que se han realizado hasta ahora. También conocida como Sobeknofru, estuvo en el cargo entre 1799 y 1795 A.C. aproximadamente.
No se sabe mucho sobre ella, principalmente porque la mayoría de sus templos no sobrevivieron el paso del tiempo, detalla la University College de Londres.
Era hija de Amenemhat III y fue faraón tras la muerte de Amenemhat IV, quien se cree habría sido su hermano y esposo, señala el Museo Británico. No están claras las circunstancias en que llegó al poder, y su tumba aún no ha sido hallada.

-Hatshepsut: 


gobernó entre 1479 y 1458 A.C. aproximadamente. Era hija de Tutmosis I y su Gran Esposa Real, la princesa Ahmose. Al no tener herederos varones de Ahmose, Tutmosis I nombró a Hatshepsut como su sucesora. No obstante, cuando éste murió las autoridades de la época no respetaron sus deseos y en lugar de ella asumió Tutmosis II, que era hijo del gobernante fallecido con una “esposa secundaria”, es decir, mujeres que no eran la consorte oficial.
Para que Tutmosis II pudiese tomar el cargo de forma legítima, Hatshepsut tuvo que casarse con él. Luego que su esposo y hermanastro muriera 13 años después de iniciado su reinado, fue nombrado heredero Tutmosis III, que era hijo del faraón con una esposa secundaria.
Debido a que Tutmosis III era un niño, Hatshepsut asumió como regenta hasta que éste pudiese gobernar. No obstante, la reina no había olvidado que a ella le correspondía el trono, e hizo algo impensado hasta entonces: se autonombró faraón.
Así, comenzó a reinar por un período que finalmente duró alrededor de 20 años, siendo la mujer faraón que estuvo más tiempo en ese cargo.
Una particularidad de Hatshepsut es que en lugar de mantener su apariencia femenina, se hizo representar como un faraón hombre y adoptó casi todos los títulos de éstos, incluso usando la “barba real” que debían llevar. Debido a eso, en muchas de las imágenes que hay de ella en la actualidad se ve con apariencia masculina y musculosa, tal como indica el canal cultural de televisión History.

-Tausert: 

gobernó entre 11194/1193 y 1186/1185 A.C., formando parte de la XIX dinastía. Era la segunda Gran Esposa Real de Seti II. Luego de la muerte de su marido, el heredero Siptah -que era hijastro de esta reina- asumió como faraón a muy temprana edad, por lo cual Tausert se volvió su regenta hasta que éste pudiese gobernar.
Sin embargo, Siptah murió pocos años después, lo que permitió que Tausert se convirtiera en faraón.
Una guerra civil se registró hacia el final de su reinado. Por ello, existen varias teorías respecto a cómo murió. Una de éstas dice que podría haber sido derrocada por Sethnajt, quien luego se convirtió en faraón y fundó la dinastía XX, de acuerdo al portal estadounidense sobre política Daily Kos.

Fuente: BioBioChile http://www.biobiochile.cl/2014/11/23/ninguna-es-cleopatra-las-tres-mujeres-faraon-mas-poderosas-del-antiguo-egipto.shtml

jueves, 10 de julio de 2014

Luxor tenía una tumba de hace 4.000 años con un centenar de momias

La sepultura, de la Dinastía XI, ha sido encontrada en la necrópolis de Dra Abu el Naga por el equipo del proyecto Djehuty


A veces ocurre que la arqueología en Egipto es tal y como la imaginamos o la soñamos. El equipo del Proyecto Djehuty que excava en la necrópolis de Dra Abu el Naga (Luxor) bajo dirección del madrileño José Manuel Galán, miembro del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), ha anunciado el hallazgo de una tumba de la Dinastía XI —hace cuatro mil años— realizado en circunstancias dignas de una novela de aventuras. El descubrimiento se produjo al final de la última campaña, la 13ª, cuando tras excavar un pozo funerario en el patio de la sepultura de Djehuty que daba acceso a dos cámaras sepulcrales los investigadores dieron inesperadamente con un agujero en la pared de una de estas que conducía a una gran tumba. Al pasar a este nuevo recinto los egiptólogos se encontraron con el suelo literalmente cubierto de momias, cerca de un centenar de ellas. La tumba, que había sido saqueada, debe pertenecer a un personaje de la realeza o a un alto funcionario de la corte, “un responsable del Estado”, según el ministerio de antigüedades de Egipto. Aunque las momias, al parecer, son de clase media.
“Hay varias decenas de momias, quizá un centenar”, ha explicado a este diario Galán. “Las momias, por la numerosa cerámica que hemos encontrado junto a ellas, las fechamos en la Dinastía XVII, pero la tumba es 500 años más antigua, de la Dinastía XI, como prueban sus características. El recinto fue claramente reutilizado como sepultura colectiva, casi como fosa común, de personas corrientes”.
Galán, hombre cabal poco dado a entusiasmos, explica que el hallazgo fue “muy emocionante” y narra así el episodio: “Entramos a la tumba por un agujero que nos llevó a un pasillo de veinte metros de largo, dos de alto y dos de ancho, que conducía a un pasaje descendente hasta una cámara sepulcral. Todo estaba sembrado de cuerpos revueltos, un amasijo de restos humanos y lino”. Los investigadores no han encontrado aún la puerta de la tumba. “Hemos accedido por el medio del pasillo. La puerta permanece tapiada por escombros, no se la ve aún. Hay otras cámaras que también están llenas de escombros”.
Objetos encontrados por el equipo del Proyecto Djehuty que excava en la necrópolis de Dra Abu el Naga (Luxor). /CSIC
La tumba es de dimensiones muy grandes y está muy bien tallada. No tiene pinturas ni relieves, como es habitual en la Dinastía XI. Galán encuentra paralelos en la que halló Howard Carter en 1909 en el vecino Deir el Bahari —y en la que también encontró muchos cuerpos—, y en las del también cercano El Tarif, pertenecientes a la familia real o a la élite. De la nueva tumba, Galán dice que no tienen aún “ni idea“ de a quien pertenecía. “De momento solo hemos hecho una inspección preliminar, tomado las medidas, realizado foto y una filmación”. De hecho, el descubrimiento fue “en directo”. Se produjo mientras filmaba los trabajos de excavación Javier Trueba, que prepara un documental para TVE que se estrenará en otoño (En busca de Djehuty, entre tumbas, momias y jeroglíficos). “Bajamos al pozo que habíamos excavado, me asomé al agujero, Javier me pasó un foco y entré mientras el me seguía filmando con la cámara, así que captó todo el hallazgo incluidas mis expresiones de asombro, con alguna interjección fuerte, justificable por la intensidad del momento”, explica Galán.
De la significación del descubrimiento, el investigador señala que confirma que “en egiptología no es bueno simplificar; tradicionalmente se considera que Dra Abu el Naga es el lugar de enterramiento de la Dinastía XVII y El Tarif de la XI, pero nuestra excavación demuestra que en realidad los enterramientos se van superponiendo, que el cementerio es usado en todas las épocas”. Galán recuerda que ya antes, hace cinco años, encontraron el enterramiento del arquero Iker, un individuo de tiempos de la Dinastía XI metido en un ataúd de madera.
De las nuevas momias, dice que han aparecido muy revueltas y que aún hay que estudiarlas aunque parece claro que se trata de enterramientos de personas de clase media depositados en una tumba más antigua para aprovecharla, con lo que la sepultura se convierte en un cachette, un escondite de momias. “Todo un regalo para los paleopatólogos, que tienen mucho material humano para estudiar”. El ocupante original de la tumba podría haber sido un miembro de la familia real de la Dinastía XI pero las cerámicas muestran que las momias halladas son de la XVII. No se han encontrado ataúdes ni sarcófagos, ni sus trozos. “Pero hay toda una parte de la tumba aún por desescombrar incluida una sala lateral, así que puede haber nuevos descubrimientos".
Galán recalca que lo más importante del hallazgo es que la nueva tumba “es la punta de un iceberg, nos anuncia lo que nos espera que es sin duda nuevas tumbas de la Dinastía XI, posiblemente todo un cementerio”. El Proyecto Djehuty, al que ha confirmado un año más su patrocinio Unión Fenosa, retomará las excavaciones la próxima temporada.
El egiptólogo explica que la Dinastía XI, 2.000 años antes de Cristo, en la transición del I Período Intermedio al Reino Medio, con Mentuhotep como faraón principal, fue la primera en convertir Tebas en la capital del Alto y Bajo Egipto tras vencer a los gobernantes de Heracleópolis Magna (donde precisamente excava la misión española que dirige Mari Carmen Pérez Die). La posterior Dinastía XVII, que 500 años después, en otro período intermedio, el segundo, devolvió la capital a Tebas dando paso al Imperio Nuevo, buscó su inspiración en la Dinastía XI, tomándola como modelo. Por su parte, los grandes faraones de la Dinastía XVIII, como la reina Hatshepsut, de la que era alto funcionario Djehuty, y Tutmosis III, también miraron hacia la XI.