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martes, 19 de abril de 2016

Reconstrucción del "Libro de los Muertos"

José Manuel Galán junto al capataz de los obreros en las excavaciones

Arqueólogos españoles tratan de reconstruir el 'Libro de los muertos' en Egipto.

Este libro se considera el texto funerario en el que los egipcios guardaron los rituales, plegarias, himnos y cánticos que garantizaban que el alma del difunto superara el juicio de Osiris, cruzara el inframundo y desembarcara en el Aaru, una suerte de cielo faraónico.



Es media mañana y el calor comienza a apretar sobre Luxor, con su bodega cargada de maravillas de la antigua Tebas. Sobre la falda sur de la pedregosa colina de Dra Abu el Naga, un puñado de obreros y egiptólogos apura los últimos días de campaña. Desde hace catorce años el proyecto español Djehuty horada sus inagotables recovecos: desde la explanada exterior hasta el último palmo de una geografía aún incierta que -en palabras de su director, José Manuel Galán- resulta un "auténtico laberinto".
"Un laberinto que se acrecienta porque en época grecorromana, en el siglo II a.C., se rompen los tabiques de separación entre las grandes tumbas de Djehuty y Hery; se conectan entre sí y se convierte el interior de la montaña en unas catacumbas donde enterrar momias de ibis y halcones", 

relata Galán a pie de obra. Su equipo, formado por una veintena de especialistas y unos 140 obreros, merodea por una necrópolis inmensa en la que se amontonan enterramientos y épocas.

"Desde el comienzo planteamos nuestro trabajo como la excavación de una necrópolis. A los egipcios que nos visitan les sorprende pero, en realidad, no hay nada sorprendente. Estamos ante una necrópolis con tumbas de distinta importancia y apariencia que abarca desde el 2000 a.C., durante la dinastía XI, hasta época grecorromana".

Resguardado del sol y el polvo, la epigrafista Lucía Díaz Iglesias ha instalado su estudio en la tumba de Hery, un alto funcionario "supervisor del granero de la mujer del rey y la madre del rey Ahhotep" que vivió a principios de la dinastía XVIII (1550-1295 a.C). 
Sobre la mesa yacen esparcidas las piezas del puzzle que trata de desentrañar. "Son fragmentos que cayeron del techo de la cámara funeraria de Djehuty y que recuperamos durante la excavación", explica el jefe de la misión. 

Los restos del naufragio son el "Libro de los Muertos" que Djehuty -"supervisor de tesoros" y personaje clave de la corte de la reina Hatshepsut- mandó garabatear en la que debía ser su sepultura. En el texto funerario -traducido por los académicos como el "Libro de la salida al día"- los egipcios guardaron los rituales, plegarias, himnos y cánticos que garantizaban que el alma del difunto superara el juicio de Osiris, cruzara el inframundo y desembarcara en el Aaru, una suerte de cielo faraónico. "Djehuty era un intelectual que no quiso conformarse con las escenas típicas de las tumbas tebanas en ese momento", precisa Galán.

"Puedes ver las pinceladas y casi oler al escriba. Es en los pequeños detalles donde se halla la enjundia", murmura Galán. Y Díaz-Iglesias confirma la máxima: 
"Nos interesan las circunstancias técnicas del trabajo de los escribas y sus habilidades porque fijándote en pequeños detalles puedes determinar cual era su formación; si comprendían los textos que copiaban; los errores que cometían y cuantas veces tenían que mojar el pincel para trazar los signos. Estamos llegando incluso a identificar distintas manos de escribas". 

Un inventario -armado a partir de borrones o manchas de tinta- que descubre a los amanuenses del antiguo Egipto. "Su formación les delata porque cuando escriben con rapidez se les escapan signos en Hierático [escritura, simplificando los jeroglíficos, con la que los escribas ganaban tiempo]. Al menos dos personas diferentes dibujaron el techo por la ortografía de las palabras, la forma de trazar los signos y su morfología", apunta la académica.

Extramuros, a los pies del yacimiento, una menguada cuadrilla desentierra el descubrimiento más perezoso de la temporada: un modesto ataúd de madera.

"Está desvencijado y sin momia dentro. Conserva un poco de inscripción. Lo más significativo es la momia de carnero que se ha encontrado a su lado y que es muy inusual", replica Galán, satisfecho con la campaña que llega a su fin.

"Ha sido muy rica en inscripciones. Hemos excavado tres pozos y hemos encontrado inscripciones de la dinastía XVII, de personajes importantes y miembros de la familia real, así como linos escritos y fragmentos de papiro del Libro de los Muertos", reseña el director de un ya veterano proyecto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) patrocinado por Unión Fenosa Gas.

Y, a pesar de los hallazgos y los fosos que aguardan ya la próxima campaña, Galán reconoce que un año más se le ha vuelto a escabullir el sueño de localizar la sepultura del príncipe Ahmose-Sapair.

"Por razones que todavía se nos escapan se convirtió en un santo de la necrópolis y durante un tiempo se le rindió veneración. Murió muy joven y no llegó a reinar pero en época ramésida se le incluyó dentro de la lista de los monarcas. Sabemos que su tumba se encuentra en Abu el Naga y creemos que concretamente está en nuestra área. Tenemos pruebas circunstanciales que lo indican pero honestamente eso no es suficiente y el historiador tiene que saber reprimirse", confiesa el egiptólogo.

"Tiene que estar ahí pero he dejado de buscarlo. Lo importante es entender la zona, ver como evoluciona su urbanismo y conocer a los personajes que nos encontramos.
La arqueología se parece a la vida. Haces tus planes y elaboras tus hipótesis pero luego el destino juega contigo".



Fuente: http://www.elmundo.es/ciencia/2016/03/30/56fa7bf246163f6b4d8b45fc.html

sábado, 24 de octubre de 2015

Exposición en Ciudad Real: "Tebas: Los tesoros de una ciudad milenaria a las puertas del desierto"


El Museo de Ciudad Real prepara sus salas temporales para la exposición de paneles fotográficos Tebas: Los tesoros de una ciudad milenaria a las puertas del desierto, que se inaugurará el jueves.

El acto de apertura oficial se realizará a las 20.00 horas, en el Claustro del Convento de La Merced, donde la comisaria de la exposición y profesora de la UNED, Inmaculada Vivas Sáinz ofrecerá la conferencia titulada 'El redescubrimiento del Antiguo Egipto: fascinación, mito y realidad'.

Casi una treintena de autores han participado en esta exposición, que por medio de fotografías, pero también de algunos objetos seleccionados con un sentido muy didáctico, busca descubrir a los visitantes la forma de trabajar y las técnicas más comunes en uso por parte de los arqueólogos que trabajan en el valle del Nilo.

De esta forma, la exposición es también una forma de divulgar, especialmente entre los jóvenes las características de rigor y cuidado por los objetos originales con que se trabaja en la arqueología real.

Desmitificación. 

La muestra tiene también un carácter desmitificador, va más allá de las leyendas surgidas al calor de los descubrimientos e intenta poner los mitos de la antigüedad egipcia en su justo lugar.
Antes de exponerse en Ciudad Real, esta muestra estuvo en el Museo Provincial de Albacete, donde cosechó comentarios y críticas favorables.

El Museo Provincial está situado frente a la Catedral, los Jardines del Prado y el Antiguo Casino.

Horario de visita:


De martes a sábado y festivos: de 10.00 - 14.00 y 17.00 - 20.00 horas.
Domingos: 10.00 - 14.00 horas.
Cerrado: lunes y tardes de domingos.
Durante los meses de verano (julio y agosto) abierto sólo por la mañana (9.00 - 14.00 horas).

Tarifas:

General: 3€ / Reducida: 1,5€ (carnet joven, familia numerosa especial, grupos de más de 10 p. cita previa)
Tarifa Gratuita: menores de 18 años, personas con discapacidad, desempleados, miembros de FEAM, ICOM, ANABAD, AAM, Guías profesionales, Docentes en el ejercicio de su profesión, Grupos escolares con actividades didácticas previa concertación de cita.

Días entrada gratuita:

Miércoles de 10.00 - 14.00 y de 17.00 - 20.00 horas. Sábados de 17.00 - 20.00 horas. Domingos de 10.00 a 14.00 horas. Día Internacional de los Museos: 18 mayo.

Fuente: http://www.ciudadreal.es/turismo/museos/museo-provincial.html

viernes, 9 de enero de 2015

Expedición al desierto: el valle de los Reyes



Conferencia de José Manuel Galán en el ciclo “La búsqueda de los confines” en la que se centrará en el Valle de los Reyes, Egipto, dentro de las expediciones al desierto.

La conferencia hace un recorrido por las numerosas expediciones que se han sucedido en el Valle de los Reyes –situado cerca de la antigua ciudad de Tebas– desde la llegada de Napoleón a Egipto en 1798, pasando por Belzoni, a las órdenes de Henry Salt, que descubren las tumbas de Ramsés I y Seti I, entre otros. Se describe con detalle el descubrimiento, en 1922, de la tumba de Tutankamón, por Howard Carter y su equipo, con la ayuda de Lord Carnarvon. También se detallan los trabajos del equipo de José Manuel Galán en la colina de Dra abu el-Naga.

Fuente: http://youtu.be/7MikHn90H5g

viernes, 21 de noviembre de 2014

El enigma y la grandeza de Luxor



Más allá de lo que el ojo capta, la magnificencia de Luxor deja una impronta indeleble en el viajero, que vuelve con el ánimo turbado del que se ha asomado al misterio.

Luxor (Al Qusur, La Fortaleza) es un nombre árabe, y por tanto moderno, que ha eclipsado a la magnífica Tebas, capital durante milenios del asombroso imperio faraónico. No hubo ciudad más grandiosa, como describe Homero, con sus cien puertas, sus imponentes templos y sus casas llenas de riquezas. Los primeros cristianos borraron las inscripciones paganas de las paredes de muchos templos y, en su lugar, garabatearon cruces, que los árabes, a su vez, se encargaron de eliminar más tarde, pues, para ellos, no podía haber signos, imágenes ni nombres que eclipsaran la grandeza de Allah.

Napoleón descubrió  al mundo los tesoros allí enterrados, los misterios y leyendas

Así, la esplendorosa Tebas terminó convertida en un pueblo somnoliento, polvoriento y lleno de ruinas abandonadas, hasta que llegó Napoleón y descubrió al mundo la maravilla de los tesoros allí enterrados, los misterios y las leyendas. Fue el principio de la fiebre egipcia que atrajo a tantos viajeros y aventureros durante el siglo XIX y turistas sin cuento a lo largo del siglo XX y hasta nuestros días. A cambio, se llevó el Obelisco que adorna la Place de la Concorde de París.

Hoy, Luxor es un hervidero de turistas que pululan por su calles urbanizadas y su elegante Corniche a lo largo del río, donde atracan los innumerables barcos que llegan y salen cada día cargados de cruceristas. En cierta manera, parece un Parque Temático, pero sus monumentos no son de cartón piedra, sino joyas milenarias que revelan un pasado esplendoroso. Las autoridades egipcias quieren convertirlo en lo que ya es de por sí: el mayor museo al aire libre del mundo. Para ello, están vaciando barrios que han nacido y crecido alrededor de los monumentos o sobre las tumbas de los nobles. Su intención, no siempre bien aceptada por los afectados, es vaciar de contexto todo el conjunto monumental para que éste luzca en todo su esplendor.

Entre estatuas y esfinges


Para una visita rápida de la antigua Tebas hay que distinguir tres partes: la orilla oriental, la occidental y el Valle de los Reyes. La oriental es la más elegante y urbanizada, donde se hallan el Templo de Karnak y el de Luxor. Antiguamente, ambos estaban unidos por una gran avenida, jalonada de estatuas y esfinges. Era una vía majestuosa de tres kilómetros que los egipcios transitaban con orgullo y se utilizaba para las grandes fiestas religiosas. En la actualidad, sólo quedan en pie unos 300 metros a la entrada de cada de uno de los templos, pero está en marcha un ambicioso (y controvertido) proyecto para rehabilitarla en toda su extensión. El problema es que hay que deshacerse antes de muchas viviendas habitadas.

Avenida de las esfinges
El complejo de Karnak, en realidad un conjunto de templos acumulados en el mismo recinto, es de tales dimensiones que basta señalar que los sacerdotes que lo atendían tenían 81.000 personas trabajando a su servicio y poseían 421.000 cabezas de ganado, 65 ciudades, 83 barcos y 276.000 hectáreas de cultivos. Todo ha quedado escrito en la piedra.

El elegante templo de Luxor, al otro extremo de la proyectada Avenida de las Esfinges, es de dimensiones mucho más reducidas, está mejor conservado y contiene en su interior lo que fue el ipet (harén) del dios Amón, así como un santuario dedicado a Alejandro Magno, que lo visitó durante su estancia en Egipto, y algunas columnas romanas, lo que no es de extrañar si tenemos en cuenta que los romanos levantaron un fuerte alrededor del templo. Los musulmanes, por su parte, erigieron una mezquita en todo lo alto, que aún está en uso. Son miles de años de historia que llevan inevitablemente al asombro y la reflexión.

Las tumbas de los faraones


Al otro lado del Nilo, en la orilla occidental, se halla el Valle de los Reyes, otra visita obligada, ya que allí se encuentran las tumbas de los faraones, a las que, durante siglos, solo tuvieron acceso algunos ladrones sin escrúpulos. Se trata de un vallejo descarnado por la erosión en medio del desierto y cerrado por una montaña en forma de pirámide. Los faraones pasaban la mayor parte de su vida diseñando su tránsito al más allá. Acostumbraban a ser momificados y enterrados con todas sus riquezas, así que su obsesión era ocultar el lugar donde reposarían sus restos. Hoy ya se han encontrado 63 tumbas, la mayoría desvalijadas. Otras, como la de Tutankamon, exhíben su inmenso tesoro en el Museo Egipcio de El Cairo. La momia terminó en el British Museum.

Los Colosos de Memmón son dos estatuas colosales de 18 metros de altura

Muy cerca se halla el Valle de las Reinas y otra zona dedicada a las tumbas de los nobles, ambos de menor importancia. Junto a estos lugares, destacan en la orilla occidental los Colosos de Memmón, dos estatuas colosales de 18 metros de altura que se erigen en medio de un erial. Se supone que marcaban la entrada de un templo gigantesco, aún sin excavar. Entre los templos de esta orilla, destacan el de Seti I, sereno y majestuoso, el famoso Ramesseum, templo conmemorativo de Ramsés III y el conocido como Medinat Habu, también construido por ese mismo faraón.

Naturalmente, quienes amen la historia egipcia pueden pasarse semanas recorriendo ruinas, templos, panteones y restos de ciudades donde vivían los nobles, los sacerdotes, los artesanos, los vigilantes... Luxor, sin embargo, más allá de lo que lo que el ojo pueda ver, es una experiencia emocional que deja el ánimo herido, conturbado, empequeñecido ante tanto enigma y tanta grandeza y magnificencia.


jueves, 10 de julio de 2014

Luxor tenía una tumba de hace 4.000 años con un centenar de momias

La sepultura, de la Dinastía XI, ha sido encontrada en la necrópolis de Dra Abu el Naga por el equipo del proyecto Djehuty


A veces ocurre que la arqueología en Egipto es tal y como la imaginamos o la soñamos. El equipo del Proyecto Djehuty que excava en la necrópolis de Dra Abu el Naga (Luxor) bajo dirección del madrileño José Manuel Galán, miembro del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), ha anunciado el hallazgo de una tumba de la Dinastía XI —hace cuatro mil años— realizado en circunstancias dignas de una novela de aventuras. El descubrimiento se produjo al final de la última campaña, la 13ª, cuando tras excavar un pozo funerario en el patio de la sepultura de Djehuty que daba acceso a dos cámaras sepulcrales los investigadores dieron inesperadamente con un agujero en la pared de una de estas que conducía a una gran tumba. Al pasar a este nuevo recinto los egiptólogos se encontraron con el suelo literalmente cubierto de momias, cerca de un centenar de ellas. La tumba, que había sido saqueada, debe pertenecer a un personaje de la realeza o a un alto funcionario de la corte, “un responsable del Estado”, según el ministerio de antigüedades de Egipto. Aunque las momias, al parecer, son de clase media.
“Hay varias decenas de momias, quizá un centenar”, ha explicado a este diario Galán. “Las momias, por la numerosa cerámica que hemos encontrado junto a ellas, las fechamos en la Dinastía XVII, pero la tumba es 500 años más antigua, de la Dinastía XI, como prueban sus características. El recinto fue claramente reutilizado como sepultura colectiva, casi como fosa común, de personas corrientes”.
Galán, hombre cabal poco dado a entusiasmos, explica que el hallazgo fue “muy emocionante” y narra así el episodio: “Entramos a la tumba por un agujero que nos llevó a un pasillo de veinte metros de largo, dos de alto y dos de ancho, que conducía a un pasaje descendente hasta una cámara sepulcral. Todo estaba sembrado de cuerpos revueltos, un amasijo de restos humanos y lino”. Los investigadores no han encontrado aún la puerta de la tumba. “Hemos accedido por el medio del pasillo. La puerta permanece tapiada por escombros, no se la ve aún. Hay otras cámaras que también están llenas de escombros”.
Objetos encontrados por el equipo del Proyecto Djehuty que excava en la necrópolis de Dra Abu el Naga (Luxor). /CSIC
La tumba es de dimensiones muy grandes y está muy bien tallada. No tiene pinturas ni relieves, como es habitual en la Dinastía XI. Galán encuentra paralelos en la que halló Howard Carter en 1909 en el vecino Deir el Bahari —y en la que también encontró muchos cuerpos—, y en las del también cercano El Tarif, pertenecientes a la familia real o a la élite. De la nueva tumba, Galán dice que no tienen aún “ni idea“ de a quien pertenecía. “De momento solo hemos hecho una inspección preliminar, tomado las medidas, realizado foto y una filmación”. De hecho, el descubrimiento fue “en directo”. Se produjo mientras filmaba los trabajos de excavación Javier Trueba, que prepara un documental para TVE que se estrenará en otoño (En busca de Djehuty, entre tumbas, momias y jeroglíficos). “Bajamos al pozo que habíamos excavado, me asomé al agujero, Javier me pasó un foco y entré mientras el me seguía filmando con la cámara, así que captó todo el hallazgo incluidas mis expresiones de asombro, con alguna interjección fuerte, justificable por la intensidad del momento”, explica Galán.
De la significación del descubrimiento, el investigador señala que confirma que “en egiptología no es bueno simplificar; tradicionalmente se considera que Dra Abu el Naga es el lugar de enterramiento de la Dinastía XVII y El Tarif de la XI, pero nuestra excavación demuestra que en realidad los enterramientos se van superponiendo, que el cementerio es usado en todas las épocas”. Galán recuerda que ya antes, hace cinco años, encontraron el enterramiento del arquero Iker, un individuo de tiempos de la Dinastía XI metido en un ataúd de madera.
De las nuevas momias, dice que han aparecido muy revueltas y que aún hay que estudiarlas aunque parece claro que se trata de enterramientos de personas de clase media depositados en una tumba más antigua para aprovecharla, con lo que la sepultura se convierte en un cachette, un escondite de momias. “Todo un regalo para los paleopatólogos, que tienen mucho material humano para estudiar”. El ocupante original de la tumba podría haber sido un miembro de la familia real de la Dinastía XI pero las cerámicas muestran que las momias halladas son de la XVII. No se han encontrado ataúdes ni sarcófagos, ni sus trozos. “Pero hay toda una parte de la tumba aún por desescombrar incluida una sala lateral, así que puede haber nuevos descubrimientos".
Galán recalca que lo más importante del hallazgo es que la nueva tumba “es la punta de un iceberg, nos anuncia lo que nos espera que es sin duda nuevas tumbas de la Dinastía XI, posiblemente todo un cementerio”. El Proyecto Djehuty, al que ha confirmado un año más su patrocinio Unión Fenosa, retomará las excavaciones la próxima temporada.
El egiptólogo explica que la Dinastía XI, 2.000 años antes de Cristo, en la transición del I Período Intermedio al Reino Medio, con Mentuhotep como faraón principal, fue la primera en convertir Tebas en la capital del Alto y Bajo Egipto tras vencer a los gobernantes de Heracleópolis Magna (donde precisamente excava la misión española que dirige Mari Carmen Pérez Die). La posterior Dinastía XVII, que 500 años después, en otro período intermedio, el segundo, devolvió la capital a Tebas dando paso al Imperio Nuevo, buscó su inspiración en la Dinastía XI, tomándola como modelo. Por su parte, los grandes faraones de la Dinastía XVIII, como la reina Hatshepsut, de la que era alto funcionario Djehuty, y Tutmosis III, también miraron hacia la XI.

lunes, 12 de mayo de 2014

Una cordobesa amplía la historia de Egipto tras hallar una momia


El hallazgo ratifica la importancia de la antigua Tebas como germen de la dinastía de los faraones


Ángeles Jiménez Higueras protagoniza estos días uno de los descubrimiento arqueológicos propios de la saga de aventuras de «Indiana Jones». Esta joven prieguense no puede recordar con exactitud cuándo o por qué empezó a interesarle la arqueología en Egipto. Veía todos los documentales que estaban a su alcance, ha leído los artículos y libros que caían en sus manos sobre arqueología, además de todas las revistas que familiares y amigos le regalaban.

Su vocación le ha llevado hasta el país de los antiguos faraones, donde forma parte del Proyecto Djehuty, un equipo formado por veinte miembros de muy distintas disciplinas -dieciséis españoles y cuatro extranjeros- que están excavando y restaurando las tumbas de Djehuty y de Hery en Dra Abu el-Naga, una de las necrópolis de la orilla oeste de la antigua Tebas, en la región de Luxor. Y lleva casi cinco años con unos resultados de película.

Ángeles, que tiene a su cargo una cuadrilla de 25 trabajadores, descubrió el año pasado un ataúd intacto de un niño de cinco años y este año han encontrado otro ataúd similar e intacto de otro niño de unos 11 años. También se han excavado durante esta campaña tres pozos funerarios de los que dos, fueron saqueados en la antigüedad, sin embargo uno de ellos ha permanecido intacto.

Gran descubrimiento

Pero el gran descubrimiento aún estaba por llegar. El pozo que le fue adjudicado reunía unas características similares a las de otros pozos que habían excavado con anterioridad, pero la tierra que lo rellenaba era diferente, muy compacta y limpia, sin material de revuelto como es lo habitual que aparezca en la colmatación de los pozos, debido a los continuos saqueos que esa zona ha sufrido a lo largo del tiempo. Así que todas las esperanzas e ilusiones estaban fijadas en ese lugar.

Todo hacía suponer que sería el primer pozo intacto de la dinastía XVII que iban a excavar, y a la postre así fue. Ángela cuenta que el pasado día 10 de febrero, una vez retirado todo el relleno del pozo y a unos cuatro metros de profundidad, apareció una cámara sepulcral excavada en la roca.

Tras asomarse por un hueco pudieron observar que dentro de la cámara tallada en la roca de la montaña había un ataud, tallado en« madera y con decoración «tipo rishi» –que significa «alas» en árabe y es el estilo característico de la dinastía XVII- con brillantes colores en su decoración. Fue cuando observaron con detalle que las espigas que cerraban la tapa del ataúd estaban intactas, por lo que en ese momento ya eran conscientes de que nadie había visto el interior desde que el difunto fue depositado. Sin lugar a duda, fue un gran descubrimiento.

Importancia del hallazgo

Por tanto, hoy día se puede afirmar que, el gran hallazgo de esta campaña ha sido ese ataúd intacto que pertenece a un hombre llamado Neb. El hallazgo aporta nuevos datos a la poca conocida dinastía XVII, periodo en que la ciudad de Tebas se convierte en capital del reino y se asientan las bases del imperio y del dominio egipcio sobre Palestina, Siria y Nubia.

Este hallazgo, junto con otros llevados a cabo en esta misma área, confirma que Dra Abu el-Naga, era el lugar donde se hicieron enterrar los miembros de la familia real de la dinastía XVII y sus cortesanos, allá por el año 1600 antes de Cristo.

El ataúd tiene unos dos metros de largo y medio metro de ancho, y se encuentra en buen estado de conservación. Tiene pintado en la tapa un par de alas extendidas sobre el cuerpo del difunto, como si una diosa alada le abrazara por detrás, otorgándole su protección en el más allá. A través de la momia, el equipo de trabajo ha podido saber que se trataba de un hombre de entre 35 y 55 años de edad, pero habrá que analizarlo con más exactitud.

Es importante resaltar que este tipo de ataúd es muy poco frecuente porque -según la arqueóloga- se usó durante un breve periodo de tiempo y son muy pocos los que han sido hallados en su lugar original, pudiendo ser documentados en su contexto arqueológico. Ataúdes de estas características se exponen ahora en museos de renombre como el British Museum en Londres, el Louvre en París o el Metropolitan de Nueva York, pero hay que decir que se hallaron hace unos cien años y desde entonces no se había encontrado ninguno más hasta que se ha descubierto éste ahora con el nombre de Neb.

El último descubrimiento, hace un siglo

Tras depositar el ataud en un lugar seguro para evitar posibles saqueos, «no fui muy consciente de la trascendencia que tenía el hallazgo y el momento que estaba viviendo», añade la arqueóloga.

«He vivido un momento histórico e irrepetible de la historia mundial y lo he disfrutado al cien por cien», sentenció.

Lo que sí es una realidad es que está trabajando muy duramente por conseguir hacer realidad su sueño de formárseme aún más –si cabe- como egiptóloga y poder trabajar en Egipto, demostrando sobradamente que si luchas por ello que quieres, puedes conseguirlo.

Ángeles manda un mensaje a las nuevas generaciones para que «se formen o se dediquen a lo que de verdad les guste. Corren tiempos difíciles para todos pero si trabajas duro y te mueves puedes conseguirlo. No hay mayor recompensa que dedicarte a lo que te apasiona, y la mía -entre otras muchas cosas- ha sido el descubrimiento de Neb».

Y con la pasión con la que vive su trabajo, sin duda alguna que no será la última

Fuente: http://sevilla.abc.es/andalucia/cordoba/20140509/sevi-cordobesa-amplia-historia-egipto-201405082036.html

El misterioso Ptahmes ya tiene su tumba



Dicen los arqueólogos que su trabajo comparte muchos ingredientes con el oficio de detective. La historia de Ptahmes, cuya tumba, de unos 3200 años de antigüedad, fue presentada ayer a la prensa en la necrópolis de Saqara, bien podría servir de hilo argumental a una novela policíaca.

Saqueado en el siglo XIX, los pedazos decorados de las paredes de su sepulcro habían aparecido en diversos museos del mundo, en Estados Unidos, en Holanda, Italia, e incluso en el Museo Egipcio de El Cairo, “Conocíamos al personaje, Ptahmes, pero nadie sabía dónde se hallaba la tumba”, señala Ola el Eguezi, directora del la misión que ha vuelto a encontrar la última morada perdida del hombre que describe como un “pez gordo” de su época. “Fue escriba, jefe del ejército, dirigió los graneros y los almacenes reales. Tuvo multitud de cargos importantes a lo largo de su vida”, explica la que fuera decana de la Facultad de Arqueología de la Universidad de El Cairo.

El rastro de Ptahmes se perdió en la arena del desierto. Pero unas fotografías que un equipo arqueológico holandés había tomado en el museo Metropolitano de Nueva York, y que mostraban un muro que podría pertenecer a la entrada de la tumba, ofrecieron nuevas pistas. Las imágenes correspondían con la entrada del sepulcro, y los escombros encontrados a su entrada, cuando comenzaron las excavaciones, terminaron de desvelar el misterio.

Pero en Egipto, donde se calcula que el 70 por ciento de su historia sigue bajo tierra, es imposible cavar sin encontrar rastro de nuevos descubrimientos. Limpiando el perímetro de esta sepultura, la misión liderada por El Eguezi y compuesta por estudiantes y profesores de la universidad de El Cairo, descubrieron un nuevo enterramiento, el de otro noble conocido como Paser, que fue embajador y posiblemente familia de Ptahmes y que podría haber vivido al final de la XX dinastía. El yacimiento cuenta con un estilo “muy especial” del Imperio Nuevo en Saqara, aseguró ayer el ministro de Antigüedades Mohamed Ibrahim, ya que, como la de Ptahmes, se trata de una tumba-templo, un sepulcro con forma de templo, con su pilón, peristilo, sala hipóstila y santuario, pero coronado por fuera con un piramidión, una pequeña pirámide justo encima de la cámara sepulcral.

Aunque los faraones de la época se enterraron en Tebas (Luxor), la capital del reino durante el Imperio Nuevo, muchos nobles y altos funcionarios siguieron construyendo sus últimas moradas en Saqara, que fue la capital del Imperio Antiguo.

Fuente:
http://www.abc.es/cultura/cultural/20140509/abci-egipto-tumba-ptahmes-201405081930.html

lunes, 5 de mayo de 2014

La tumba 'gemela' de Tutankamón abre sus puertas en Luxor






 Instalación de la réplica de la tumba de Tutankamón en Luxor. ALICIA GUIRAO

 




A unos metros de la carretera que conduce al Valle de los Reyes, en los aledaños de la casa de Howard Carter, despunta una tumba idéntica a las que habitan la necrópolis de la antigua Tebas. Bajo tierra, su interior guarda la réplica de uno de los hallazgos más formidables de la Egiptología: la cámara funeraria de Tutankamón. Fabricado con la exactitud de la micra en un taller madrileño, el clon abre sus puertas este miércoles para ayudar a curar las heridas que el turismo ha causado en la sepultura original.

"Queremos hacer pensar a los turistas. La tumba original está abierta y no hay ningún plan oficial para cerrarla pero se halla en unas condiciones muy precarias. Se conservó perfectamente durante tres milenios y se ha deteriorado desde su descubrimiento hace 90 años. No fue creada para ser visitada", cuenta a EL MUNDO el británico Adam Lowe, director de Factum Arte, la organización responsable del facsímil que inaugura este miércoles emplazamiento en Luxor un día antes de su apertura definitiva al público.

Después de un año de espera en El Cairo, las tres toneladas de la réplica -la más precisa realizada hasta la fecha- desembarcaron el pasado diciembre en el sur de Egipto. Desde entonces han ido tomando forma en un costado de la casa de Carter, el egiptólogo que descubrió en 1922 la tumba del faraón niño (1550 y 1295 a. C.) que subió al trono a los 12 años y murió cuando rondaba los 20. "Veo cosas maravillosas", musitó el británico cuando el primer haz de luz hizo brillar el oro de los objetos apilados en su antecámara. Y allí, en la boca de la tumba, se forjó la leyenda que ahora cuida Lowe.

Protagonista de un reinado fugaz e intrascendente, la mayor proeza de Tutankamón fue habitar una vida eterna sin sobresaltos y con un tesoro de 5000 objetos ajeno al pillaje (un universo de estatuas, camas, tejidos, muebles o carros que se exhibe en el decrépito Museo de Antigüedades egipcias de El Cairo). Desde su resurrección, legiones de admiradores han peregrinado hasta las colinas pedregosas del Valle de los Reyes.



Réplica del sarcófago de la tumba de Tutankamón en Luxor. ALICIA GUIRAO

"Es una experiencia idéntica", recalca el director de un proyecto sufragado por la fundación Factum, la Sociedad de Amigos de las Tumbas Reales de Egipto con sede en Zurich y la Universidad de Basilea. Para pulir la recreación, se ha "plagiado" incluso el sistema de iluminación usado en la tumba original. La ubicación, a un tiro de piedra del Valle de los Reyes, ha permitido además que la temperatura y la humedad sean similares. La nueva atracción de la orilla occidental de Luxor podrá recibir más de medio millón de visitas al año, indican sus artífices.

"A diferencia de lo que sucede con la cueva de Altamira, que se encuentra cerrada y solo puede visitarse la copia, aquí tenemos la oportunidad de mantener abiertos el facsímil y la tumba original. Los turistas pueden contemplar las dos y reflexionar sobre la experiencia. Propiciar ese debate es una parte central del trabajo que hemos realizado", manifiesta este adalid del turismo sostenible. Su próximo reto es duplicar las tumbas de Seti I y Nefertari, enclavadas también en el Valle de los Reyes y cerradas en la actualidad al público. "El Valle de los Reyes nació para ser eterno", apostilla Lowe.

lunes, 28 de abril de 2014

Una momia con cerebro pero sin corazón


Esta momia fue desenterrada en el siglo XIX en la ciudad de Lúxor (Egipto). Aunque se trata de una momificación bastante tardía, las condiciones en las que se encontró contradicen poderosamente algunas de las nociones más establecidas sobre este proceso en la cultura egipcia. Con cerebro, pero sin corazón, así fue encontrada.

La actual ciudad de Lúxor, localizada a orillas del Nilo en Egipto, no es una de las más conocidas, ni visitadas; a pesar de que se encuentra construida sobre las ruinas de una ciudad milenaria. Pero en la antigüedad no sólo era una de las ciudades más importantes, también era célebre. Los egipcios la llamaban Uaset, los griegos Tebas y los árabes Al-Uqsur. El poeta Homero la inmortalizó como "la ciudad de las cien puertas", y fue escenario de algunas de las más importantes tragedias griegas, como Edipo Rey de Sófocles o Los siete contra Tebas de Esquilo.

Ahí fue donde encontraron este cuerpo momificado. Según los datos obtenidos por el análisis, se trata de una mujer que murió cuando tenía entre 30 y 50 años, como casi todos los egipcios tenía serios problemas dentales y fue momificada hace aproximadamente 1,700 años, época en la que el Imperio Romano entraba en declive y los cristianos se extendían por el mundo. En su época la momificación no era tan común como solía serlo, e incluso era mal vista por algunos de sus coterráneos que siglos atrás habían cambiado de religión. Pero al parecer esta mujer pertenecía a una familia extremadamente tradicional.

La momia fue descubierta hace más de un siglo, y poco se sabe del lugar en el que fue hallada. Ni siquiera existe la certeza de que el féretro en que se encontró haya sido originalmente suyo, pues la práctica de cambiar de cajas mortuorias era común en la antigüedad y entre los vendedores modernos de objetos egipcios. Estos últimos suelen hacerlo como una forma de promoción y para sacar más dinero de una momia.

Fuente: http://www.eldiariodecoahuila.com.mx/notas/2014/4/8/momia-corazon-427363.asp